The Glutton Club
Año IV
Donostia—San Sebastián, 21 de mayo de 2013
Edición #246

Algo falla en la gastronomía

September 7th, 2010

Es un honor presentarles a don Rafael Prades, Marqués de las Dehesas y Cónsul en Norba Caesarina, amante de la fotografía y la buena vida. Es autor de los blogs Con los cinco sentidos y Ars Coquendi y levanta acta de que hay cosas básicas que hacen aguas en el panorama gastronómico patrio.

Hace meses, a la vuelta de un viaje, recalaba en Madrid y por logística tuve que comer en un bar, restaurante, chiringuito… -la verdad es que no se como catalogarlo- de una estación de autobuses. Pedí algo muy normal: bocadillo de lomo con pimientos y una caña. Mientras venía el bocadillo, la persona que estaba en la barra tuvo que darle presión varias veces a la cerveza ya que aquello no acababa de parecerse a una birra, al final me tomé un vaso de líquido amarillo sin ninguna chispa ¡quizás tendría que haber pedido un botellín! al menos me habría tomado una cerveza en condiciones. Cuando vino el bocadillo, ¡otra sorpresa!, los pimientos eran rojos de lata. Efectivamente eran pimientos y no podía decir nada, pero hace años en Madrid, cuando pedías un bocadillo de lomo con pimientos se presuponía que éstos eran verdes y fritos con su toque de sal; al igual que cuando pides huevos fritos presupones que son de gallina y no de codorniz o avestruz. En esta actitud de los empresarios veo varios problemas, pero al final se resumen en uno sólo ¡ganas de ganar dinero de una forma barata y sin complicaciones! En lugar de contratar a profesionales del sector, se contrata la mano de obra más barata, pero además no se la da formación ¿para qué? si la clientela no es fija y no la tienen que fidelizar. Craso error.

Experiencias similares he tenido en aeropuertos donde la comida suele ser cara, independientemente de su calidad, y en trenes donde el bocadillo de pan pre-cocido está congelado y lo meten en un horno para que el pan se haga. Os podéis imaginar como queda el jamón serrano ¡menos mal que no es ibérico!

No entiendo este tipo de gastronomía en un país que puede presumir, por que se lo ha ganado a pulso, de excelentes productos y buenos profesionales que saben transformar esa materia prima; desde la gente que aparece en la lista de S.Pellegrino World’s 50 Best Restaurants hasta la modesta fonda donde hacen unos guisos caseros de toma pan y moja.

Nadie se ha dado cuenta de que los aeropuertos, las estaciones de trenes, autobuses, las áreas de servicio de las autopistas… son la puerta de entrada y salida de millones de turistas que cada año visitan España. Me pregunto: ¿qué imagen les damos? ¿qué impresión se llevan?

Quizás algunos empresarios subestimen a los extranjeros que nos visitan y piensen que no se enteran de lo que comen, al igual que la proferora de la prestigiosa escuela Le Cordon Bleu en el siguiente diálogo con Julia Child, en la película Julie and Julia:

Profesora: ¿Es cierto que tiene pensado enseñar?
Julia: Si, enseñaremos a cocinar a los americanos en París.
Profesora: Madame Child debo decirle que no tiene talento verdadero para la cocina… pero los americanos jamás se enterarán… jajaja.

Por otro lado, donde está la comida tradicional en estos establecimientos: ¿en franquicias de hamburguesas y sandwiches? ¿en pseudo paellas de arroz plastificado?

Mi pregunta es: ¿no deberíamos cuidar más este tipo de gastronomía a base de tapas, sandwiches, bocadillos, platos combinados o menús del día de estos establecimientos? No se lo que opinaréis vosotros, pero al final vamos a tener que viajar con la cesta de la merienda, como hace poco vi a unos abueletes en el tren ¡y qué envidia me dieron con su servilleta a cuadros y su tortilla!

Postdata: Mientras escribía esta parrafada, leía en twitter experiencias similares en máquinas de vending de un hospital y aeropuertos de mis amigos Marta y Jorge, ¡país!


LINK | Rafa Prades

28 Responses to “Algo falla en la gastronomía”

  1. massitet says:

    Pues yo creo que tiene toda la razón del mundo: hace tiempo que sostengo que la calidad de una cocina (de un cocinero, de una ciudad, de un país, de un estado) se deberia medir en los platos más básicos, mas populares: si esos son buenos, estamos ante una buena cocina…
    Si no sabemos hacer (ni vender) buena comida senzilla, nos estamos equivocando y -como usted dice- distorsionando la imagen pública las cocinas de España…

    Salut!

  2. Del mismo modo, yo me río de los que entran en el MacDonalds de Done Ostia cuando tienen un bocadillo espectacular y un botellín al mismo precio que un menú MacRoedor a menos de 50 metros en cualquier bar de la Parte Vieja.

    Nos venden la moto y nos creemos que es más barato comer filetes de carne conglomerada de mil vacas irlandesas (en el mejor de los casos) que un entrecot de una ternera de un caserío a 10 Km de distancia; que es más sostenible comer espárragos criados en Chile y enlatados en la Ribera que patatas alavesas; que es más sano beber zumos lácteos en tetrabrik que comerse una manzana navarra. Y el peor de los infiernos le espera al que no se tome su actimel diario.

    Y lo de los aeropuertos y estaciones es una más que nos meten doblada en cada parada y escala que nos toca sufrir, con el agravante de que en muchos casos no hay escapatoria. Yo recomiendo a los estresados viajeros que se animen a *salir* y buscar esos bares en los que puedes alimentarte sin regusto a serrín. A veces solo hay que cruzar la calle, como en la estación de autobuses de Burgos.

  3. Completamente de acuerdo. Estupendo texto.
    Y gracias por la alusión, por cierto.

    Saludos

  4. Sr. Duque consorte del Berzal,
    ¿La estación de autobuses de Burgos? Buen sitio has ido a mencionar. Las estaciones de autobuses en general y sus bares en particular, son de no comment.

  5. Así es, Gran Almirante don Ignacio de Rodríguez, así es.

    Sin embargo, saliendo de la misma, a mano derecha después de cruzar la calle, existe un bar donde se pueden degustar buenos bocadillos en más de 100 variedades (literalmente). He de decir que el lugar lo descubrió la Duquesa.

  6. Magnifico texto y totalmente de acuerdo. Aunque echo en falta algún otro sitio como las estaciones de servicio en los autopistas, en las que los turistas paran una y otra vez a comer lo que les dan.
    Tengo que decir, sin que sirva de precedente, que una vez tome un bocata de jamón ibérico de lo más rico en una de ellas. Pero solo una vez.

    Saludos

  7. Totalmente acertado el artículo. Es algo que vengo denunciando hace tiempo.
    Por un lado tenemos las ínfulas de un país que quiere tener una gran gastronomía (no sé si la última patochada que he oído es que quieren que la UNESCO declare patrimonio de la humanidad la gastronomía española… luego decimos que los franceses son chovinistas); decía, que un país que tiene en alta estima su gastronomía porque está de moda, porque unos cuantos restaurantes de prestigio están en boca de todos; ¿pero en la calle? ¿qué come España? La fruta y la verdura que se encuentra en los lugares donde hace la compra la mayoría de los españoles es simplemente nefasta, plástico con diferentes formas; la leche que ha elegido este país es UHT, o sea, la negación de la leche, un producto sin ningún sabor; por lo que me toca, y después de hablar con muuuuucha gente, puedo decir que el pan de España es de lo peorcito de Europa, un alimento que no merece llevar ese nombre milenario… podría seguir y seguir, pero creo que se entiende. La comida que compra y come España no es algo para tirar las campanas al vuelo (por supuesto no todo es blanco o negro, simplemente quería hacer una llamada de atención).

    Por otro lado está el tema de las autopistas, aeropuertos y demás. Es algo que clama al cielo. Como un buen nuevo rico, como un snob, en los últimos años este país ha dejado la nacional y ha tomado la autopista (en todos los sentidos, también el físico), abandonando los restaurantes y bares de carretera por las franquicias que no sólo abusan de su situación de monopolio de facto (¿cuanta gente sale de la autopista para comer?), si no que dan auténtica bazofia. Alguien debería comenzar una campaña de boicot (me presto voluntario) contra la mierda que ofrecen Autogrill, Medas y compañía. Pensaba esto este fin de semana, que he volado de Bilbao a Madrid. Por suerte, como un dinosaurio de los servicios, el aeropuerto de Bilbao tiene una cafetería propia (no es de Autogrill ni nada de eso), así que te puedes tomar un café con leche que se aproxima al de Bilbao ciudad (de la marca Baqué) y un bollo de mantequilla, especialidad de bollería local; los productos son (sin tirar cohetes) los de un sitio cualquiera de Bilbao, servidos en taza de loza y demás. Las cafeterías de Barajas (igual que las de El Prat, etc.) son una auténtica mierda, cual Pans & Companys o lo que sea, dan un café nefasto, una bollería industrial horrible (los sandwiches prefiero no mencionarlos para no haceros llorar), todo ello servido con desgana en vasos de papel (como en McDonalds) y a un precio abusivo. Café y caña de chocolate: 4,40€, botella de medio litro de agua: 1,50€
    Así va el gran país de la gastronomía.

  8. Chiara (Marquesa consorte de las Dehesas) says:

    Cuando el señor Marqúes de las Dehesas comenzó a frecuentar estas tierras extremeñas, le comentaba con orgullo patrio que, aquí en Extremadura si pedías un bocadillo de jamón, este seriá regularcillo (el jamón es caro), pero que podía pedir tranquilamente, en cualquier sitio, un bocadillo de chorizo, pues este sería auténtico, extraordinario y no los habituales de plástico que vendían en otros sitios… para eso estamos en la tierra del ibérico. Así que el serñor Marqués, siguiendo mis consejos, cuando paraba en la estación de autobuses de Navalmoral de la Mata, en sus trayectos Madrid – Cáceres – Madrid, se zampaba sus buenos bocadillos de chorizo. No recuerdo cuanto duró la ilusión. En estos momentos, en la estación de Navalmoral, como en muchos otros establecimientos de la región, el chorizo de los bocatas es puro plástico; no sé a vosotros, pero a mí me sabe a gasolina.

  9. Más razón que un santo tiene usted… pero en este país no se cuida la imagen colectiva absolutamente nada.

  10. Yo también me apunto al boicot.

  11. Yo ya estoy en el boicot. Viajo a Asturias casi todos los fines de semana del año. He optado por los RYM (Repostar y Mear), en vista de que mis recuerdos de los viajes con mi padre, donde habia una lista de sitios de carretera deonde parar y comer como un señor, son eso recuerdos. Y desgraciadamente pierdo mucho tiempo en el atasco de salida para desviarme del trayecto demasiado.

    Saludos

  12. Andrés says:

    Un artículo muy acertado. Poco que decir. Pero me temo que todo esto lejos de tener síntomas de mejora, va a peor a una velocidad endiablada.

    Enhorabuena por la entrada. Un saludo.

  13. Dani says:

    Rafa, tiene usted más razón que un Santo. Entendiendose Santo por el lado laico. :)

  14. Para que el boicot sea más interesante, gastronómicamente hablando, empeñémonos en señalar sitios que merecen la desviación (como ese en Burgos fuera de la estación de autobuses que alguien mencionaba) alternativos a los bocadillos plastificados!
    Entonces: un Google Maps, un poco de colaboración… y de esto puede salir algo!
    Reverentes saludos a mi colega marqués y vecino extremeño,

    Lady B.

  15. Pues disiento. ¿Queremos calidad? Volvamos a ser cazadores-recolectores. La comida más rica y sana y la que mejor te sepa será siempre la que te hagas tú. ¿Quieres bocatas de veras?Vete a la tienda el día antes de viajar y aprovisiónate. Encima te costará hasta la mitad. Sí, a la tienda del barrio, a ver si vamos a protestar de los autoservicios de las estaciones y aeropuertos y luego todos comprando en eroskis…

  16. Pues yo siento disentir con la disensión; pero precisamente de lo que se habla es del placer de viajar y parar en un sitio de carretera, estación, etc. y poder probar productos buenos. Si viajo por Bilbao, pues eso, me encanta tomarme un café con leche y un bollo de mantequilla; o que en la barra haya una gilda (y no un bollo industrial y un sandwich nefasto) si viajo por La Rioja, pues me encantará realizar la necesaria parada para estirar las piernas, echar una meadita y repostar, y que en el bar (no pido nada de lujo) haya unos torreznos, por ejemplo. Hacer sandwichitos o cosas así es un gran placer (y toda una cultura, la del piquenique, algo así http://tequedasacenar.com/sandwichitos-para-la-a2/), pero viajar y descubrir cosas llevado por el azar es maravilloso; si sólo te llevas cosas de casa, te pierdes esa parte. Saber que en tu viaje puedas tener la confianza de parar en un lugar digno a tomar algo digno (no digo ya excelso).
    Como comenta el Marqués de las Dehesas; las autopistas, estaciones y aeropuertos es lo primero que ven los que nos visitas (ya no hablo de nosotros mismos) y ofrecerles productos nefastos a precios abusivos negándonles nuestra variada y maravillosa gastronomía parece un craso error.

  17. Vaya, al enlace que ponía a favor de la cultura del sandwichito y el piquenique se le ha pegado el paréntesis y (por misterios de la web) lleva a otra página. Este es el enlace bueno http://tequedasacenar.com/sandwichitos-para-la-a2/

  18. Pues yo re-re-re… disiento o algo :))

    Me encantaría viajar para descubrir lo culinario, pero creo que eso no se puede conseguir ni con paradas técnicas ni con estancias de sólo un día.

    Por otro lado, ¿alguien cree que no aumentarían los ya desorbitados precios si la comida fuese buena? Por eso, sigo prefiriendo lo que decía.

    Uno de mis lemas: cada cosa en su lugar y su momento.

    (Por cierto, en la estación de autobús de Salamanca, en la cafetería a pie de andén, sí ponen buen jamón en los bocatas :D).

  19. Estimado Duque de Lapice, me veo en la ocasión de volver a disentir, sin ánimo de polemizar y con el permiso de los respetables miembros de este club. Creo que pierde usted el punto del artículo.
    Una sola impresión cuenta muchísimo, y en muchos casos (como menciona el artículo) se trataría de la primera, que es la que cuenta, según dicen. Siguiendo mi ejemplo del hipotético viajero que recalara en el aeropuerto de Bilbao: un café con leche y bollo de mantequilla es un representante excelso de la gastronomía local, de una calidad innegable, y se puede disfrutar por muy muy poco dinero; no entiendo en absoluto (ni comparto en el más mínimo ápice) las afirmaciones de que no se puede viajar para descubrir lo culinario y hacerlo en pequeños encuentros fortuitos (todos guardamos recuerdos imborrables de “aquel garito que descubrimos al azar en aquel viaje”); y la otra afirmación de que los precios subirían (ya inflados hasta la nausea en las estaciones Medas o Ars de la AP-68, por ejemplo). Ese es precisamente el problema, conocemos (y existen) los sitios que dan buenos productos a precios razonables (a mí incluso, no me importaría pagar por un buen producto); pero están desapareciendo de nuestras carreteras, estaciones y aeropuertos. Por ejemplo, en junio, en mi último viaje de Barcelona a Bilbao por la nacional (a veces hago estas cosas), pasaba por La Rioja a la hora de comer, y recordé que me habían comentado algo de El Ciego; un oportuno ejercicio de memoria me llevó, desviándome tan sólo levemente de mi ruta, a comer un torrezno y una ensalada de tomate locales que no se los saltaba un gitano; de nuevo por un precio muy razonable en un sitio razonable. Al igual que el viajero que parase en la estación de autobuses de Salamanca se llevaría un buen recuerdo del bocadillo de jamón, es importante (y ahí es donde estamos todos) hacer hincapié en la grave situación de estos lugares, y el momento de importancia capital que estamos viviendo. Un cordial saludo, muy honorable miembro de este foro. A sus pies.

  20. Interesantisimo. Eso se lo he oído decir al mismisimo Ferran Adrià. Él comenta que la gente que va a su restaurante, también va a muchos otros llevándose sorpresas no siempre agradables.

  21. Juan de Elche says:

    Tanto del artículo, como de los comentarios, se obvia una observación que fue el inicio de las “ciencias económicas” con el libro de Adam Smith en el que se explicaba la “mano invisible” que hacia que recursos y necesidades, oferta y demanda, inversión y rendimiento, etc. etc. llegasen a un entendimiento tal que la “tendencia” fuese que no hubiese sobrantes, ni por exceso ni por defecto, de oferta o de demanda.
    Si alguien instala una “pizzeria” -o el chiringuito que sea- y tiene éxito, de público, de oferta, de crítica, o de cualquier cosa que resulte “apetitosa” para sus vecinos -aunque solo sea para uno de ellos- o visitantes, esta persona que ha observado el “éxito” de ese establecimiento intentará imitarlo, por que el éxito, en sí mismo, genera imitadores.
    ¿En que lugar del mundo conoce alguien que exista un chiringuito de estación de autobuses con una calidad “x” y cuyo éxito sea evidente a simple vista para cualquier espectador?
    Conozco infinidad de personas que dicen que les encanta el plato de huevos rotos y patatas de Casa Lucio, pero esa misma cantidad de gente dice que el precio es “abusivo”, sin tener ni idea de los costes fijos, impuestos, etc. etc. etc. que soporta el local y la empresa.
    Resumiendo, a mí, como al que más, me gustaría que todo en la vida fuera “paz y amor”, pero el mundo real funciona sujeto a las leyes de la física, y por mucho que nos apeteciese en un momento dado vivir en la ingravided, la ley de gravedad demostrará lo contrario, una y otra vez.
    ¿Que hace que haya personas dispuestas a pescar los calamares/txipirones con potera/anzuelo uno a uno?
    Que hay personas que están -de momento- dispuestas a pagárselos a un precio que los pescadores creen que hace que les merezca la pena el esfuerzo.
    ¿Por que han desaparecido las amas de cria -aquellas mujeres que a sus pechos criaban los hijos de otros-?
    No solo ha sido por la aparición de las leches “de farmacia”, que también, pero aún estando las leches de farmacia si alguien hiciera una demanda a precio razonable aparecería la oferta.

  22. Antes que todo, quiero decirle al señor Duque consorte del Berzal que, como buen chileno que soy, un espárrago criado en Chile no tiene nada que envidiar a uno de Navarra, es más, le invito a que haga un viaje a mi país y pruebe uno recién cosechado: se llevará una grata sorpresa. Ahora, si el comentario lo ha hecho en plan “quien dice Chile dice cualquier país extranjero”, le perdono :), aunque antes debo decirle que en todos lados encontrará excelente materia prima. Otra cosa es que por abaratar, las empresas españolas recurran a calidades inferiores en otros países para ofrecer precios bajos a sus compatriotas. Respecto a las patatas, lo más parecido en calidad y sabor a la “papa chilota” (patata de Chiloé) es, justamente, la patata alavesa. Iván tiene mucha razón en decir que los españoles son tan chauvinistas como los franceses, pero creo que todos los demás también lo somos, cada país tiene su cuota, lo que no está mal si ese chauvinismo lo utilizamos para mejorar nuestra gastronomía o la imagen de nuestros respectivos países. Pero siempre con equilibrio, porque basta con viajar un poco para darse cuenta de lo equivocados que estaremos.

  23. @unavezalasemana disculpa si lo parecía pero en ningún momento digo que el hecho de ser chileno conlleve que el producto va a ser de peor calidad. Lo que quiero decir es que algo falla cuando un producto cultivado a miles de kilómetros de distancia (y que tiene que cruzar un océano para llegar aquí) cuesta menos que uno que se cultiva a un puñado de kilómetros.

    Por no hablar sobre las medidas sanitarias que, en caso de Chile (lo desconozco) seguro que son correctas, pero que en el caso de otros países como China o Marruecos, por ejemplo, son más negligentes. Este factor también conlleva un coste que se traslada en el gasto de sanidad al afectar negativamente en nuestra salud.

    Efectivamente, en cualquier lugar del mundo con producción agrícola seguro que podemos encontrar buenos productos y sería falso y completamente presuntuoso afirmar que no hay nada que supere en calidad a nuestro producto.

    Mi intención era plantear una reflexión para darnos cuenta de que cuando hacemos la compra nos pasa algo muy parecido a lo que comenta el autor de este artículo con estos lugares: la lucha de precios y los acuerdos con grandes cadenas de distribución y explotación nos hacen la faena de alejar de nuestras mesas los productos más “auténticos”.

  24. Estimado Marqués, cuánta razón en tus palabras, que arriesgado resulta llenar el buche y encontrar solaz para el espíritu en ruta. Y que triste saber que la misma comida, envasada en la misma planta, la podemos encontrar en una gasolinera de Socuellamos o en un “Restop” (nostálgicos establecimientos ya extintos, precursores de los actuales Autogrill y demás) de Teruel. Gracias por la mención, todavía siento residuos de aquel sándwich hospitalario en mi organismo, creo que además de salami de pega llevaba un aliño de metales pesados.

    Abrazos.

  25. Prince of the Darkness says:

    Vayamos por partes.
    En primer lugar, que se sepa, un negocio de hostelería se abre o bien para satisfacer un deseo personal de artesano o bien para satisfacer un deseo personal de empresario. En cualquiera de los dos casos el negocio de hostelería debe servir para sacar adelante una vida, una familia… Es decir no debemos olvidar nunca el lado de negocio, por aquello de ganarse el sustento. Que alguien quiera ganar más o menos no es a nosotros a quien deba importarnos, con su pan se lo coma, si gana más es que es más listo que yo (por lo menos).
    Sabiendo que es un negocio lo que sí está claro es que el modelo de negocio está claramente definido. Si estamos de acuerdo que todo negocio satisface unas necesidades este está claramente dirigido a satisfacer una necesidad de “emergencia”. En el mundo del marketing es una figura clara que determina la necesidad del consumo, aquel que está ahí en el momento de esa necesidad y, por supuesto, el precio final. Son clientes cautivos, lo único que nos hace falta saber es cuánto dinero están dispuestos a pagar por el servicio prestado.
    Pero es que además de eso está la parte del consumidor. Ese tiene la sensación de que va a comer ahí por una urgencia, “algo rápido”, “algo ligero” son conceptos que baraja el consumidor habitual en esos establecimientos. En una estación de autobuses voy porque no me queda otra (presupuestos bajos) por lo tanto quiero tomar algo ligero para hacer el viaje y cuando llegue a mi destino ya comeré como un rey, si voy de camino en una estación de servicios lo mismo (a menos que sea el área de Tudanca, por supuesto) y en un aeropuerto, además, está el componente de la inmediatez. No voy a pensar en pedir una tortilla de patatas que a lo mejor tardan en hacérmela con el peligro de perder el avión, cojo algo rápido que ya esté hecho y se acabó y, además, si lo tengo que dejar lo dejo… Efectivamente en los aeropuertos suele haber restaurantes mejores pero todos están enfocados a hacer comidas de negocios.
    Añado otros puntos para la polémica. ¿Sabemos realmente los costes de estos señores como para exigirles calidad? El primero que se me ocurre sin contar alquileres o sobornos es el del personal ¿os hacéis una idea de los turnos que hay para mantener una cafetería abierta las 24 horas en algunos casos?
    Pero lo peor de todo es que mientras nosotros nos quejamos y exigimos ellos seguirán yendo con ese dicho inglés que dice “laughing to the bank”. Porque somos tres los que queremos calidad y su negocio se mantiene con los miles y miles de personas a los que no les queda más remedio que pasar por ahí y tomar “algo rápido y ligero.”

  26. Hagamos también hincapié en lo de ligero, como el Prince. Que no toda nuestra exquisita gastronomía es recomendable para viajes largos…

    Y otro tema: las concesiones públicas.Está claro que tendrá más fuerza económica una cadena de las mencionadas que un hostelero solo.

  27. Y Duque de Yarza, haga el favor de levantarse, que entre pares no hacen falta ceremonias :D

    Todos querríamos a alumnos de los grandes nombres de la cocina en dichos establecimientos. A estas alturas yo ya me conformo con que lo que me pongan sea sano o al menos no muy reveladoramente perjuicial :)

  28. Yasmina says:

    Apreciado Sr. Duque consorte del Berzal,

    Su carta…debería llegar a la corte, aludiendo que la miseria trae miseria, y esta es hermana de la mediocridad.

    La sencillez, lo espontáneo puede ser tan sorprende como lo planeado y elaborado.

    Un bocadillo de lomo con pimientos, es una marca, una forma de elaboración, no se pueden escudar en ofrecer lo literalmente descrito en la carta omitiendo nuestra cultura y derechos. Pimientos de lata…

    Hay una incoherencia tremenda. Se gastan millones en promoción de nuestra cultura culinaria, la hacen que sea una de las banderas, un reclamo para visitar y conocer España y no se ocupan de ver los resultados…

    Y todo esto, a mi parecer viene de la falta de amor, de conocimiento, de ganas de crear, jugar, agradar y recibir.

    Menos mal, que gracias a esa mediocridad el esfuerzo y buen hacer de otros tantos establecimientos se ve reforzado y al final, se opta por llevar el bocadillo para el vuelo desde casa…

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