¿Por qué se da eso? No es que las lentejas no gusten – y si no, sólo hay que ver ciertos mensajes en twitter: “Platazo de lentejas con chorizo que me acabo de meter pal cuerpo.”
Ahí va
En las casas han entrado comidas nuevas, exóticas, complejas: a través de los programas de cocina de la televisión, de los (pocos) reportajes en la prensa, de los lineales del supermercado, de los nuevos restaurantes que van abriendo.
Han tenido un efecto positivo, seguramente: ampliar los gustos, educar (bien o mal) el paladar, hacer conocer ingredientes exóticos y popularizar otros poco cercanos. Pero ¿han mejorado la calidad de nuestra cocina? ¿Cocinamos más? ¿Mejor? ¿Comemos mejor?
Yo veo dos posibles efectos negativos.
Exagerar nuestras expectativas respecto a la comida. No puede ser pasta – tiene que ser pasta fresca, y si es rellena, mejor. No es suficiente que sea queso – vamos a tomar crema de queso. Y para picar, guacamole de bote del Mercadona. Es lo que nos llega por las páginas de El País Semanal, por ejemplo: recetas a menudo imposibles, de mucho efecto pero de poca sustancia (cultural, histórica, técnica, gastronómica). Parece que eso es a lo que tenemos que aspirar cuando nos ponemos (pongamos) a cocinar. Acojona, ¿no?
Malcriarnos. Tengo la impresión de que estamos muy malcriados, culinariamente (y no sólo, pero esa es otra historia). Sin saber cocinar casi, tenemos acceso a platos elaborados y exóticos. Cada día podemos darnos un homenaje. Nunca es suficiente. Ciertos platos, ciertos productos, deberían ser excepcionales, tanto que tomarlos sea un evento en sí. Si en cualquier sitio de tapas hay gambas y foie, a parte de dar una idea equivocada (porque esas gambas probablemente son congeladas y el foie de quién sabe dónde), eso pasará a ser lo normal. Si todos los días comemos excepcional, ¿qué comeremos cuando queramos algo realmente especial?
Quizás, como alguien me ha sugerido, haya algún tipo de sentimiento de parvenu, de rechazo hacia los días humildes que se acabaron antes de ayer. Al fin y al cabo, si en Gran Bretaña o Estados Unidos se habla de hacer queso en casa, de recetarios tradicionales y de volver a técnicas básicas, será porque ya han cumplido el ciclo de la industrialización y están de vuelta. Nosotros, acabamos de subirnos al tren (aunque sea de alta velocidad).




El clásico manual de panificación artesanal del autor de referencia Dan Lepard, ahora en castellano y traducido por el panadero Ibán Yarza

[...] ¿Qué cenamos hoy? http://www.thegluttonclub.com/2010/06/16/%C2%BFque-cenamos-hoy/ por condedelamaza hace 3 segundos [...]
Estimada Duchess of Porvernir,
Estoy pensando en que vamos a comenzar el curso de The Glutton Club en setiembre haciendo un sarao donde se aprendan a hacer lentejas, un cocido, una buena salsa de tomate o unas alubias.
¿Qué le parece?
Atentamente,
El Conde
Interesante reflexión y creo que aciertas de lleno en los aspectos negativos. Básicamente creo que cuando lo excepcional sea la norma, lo normal será lo excepcional. Ya ha ocurrido con las alubias, que han pasado de ser plato semanal (o bisemanal) a ser comida de celebración.
En mi humilde y modesta opinión creo que hablas de la democratización de la comida. No solo de algo que lleva aparejada la industrialización (que creo que es cosa del Siglo XIX y no del XXI) o por lo menos, yo que quiero a este mi pais y que antes de ir a bsucar algo fabuloso a las Islas de la Reina, prefiero buscarlo en algún artesano de al lado de casa, por decirlo de alguna forma, quiero pensar que España ya se industrializó hace mucho tiempo.
En definitiva, no estoy de acuerdo con lo que opinas y escribes. La democratizacion de la comida nos hace ser capaces de elegir, de elegir qué comer. ¿Por qué unas lentejas con chorizo, una salsa de tomate o unas alubias (por poner los ejemplos del comentario Xabier) deben ser necesariamente mejores a unas gambas rojas o aun foie?
Que las lentejas, también vete tu a saber de dónde son y sin comibles o no. Que he comido muchas lentejas en mi vida y muchas eran incomestibles.
Creo que volvemos a caer en el error de pensar que lo tradicional y casero es necesariamente mejor por ser tradicional y como en todo, hay mucha paja que quitar a lo tradicional y casero para quedarnos con lo bueno.
Poner ejemplos cogidos para el caso: las recetas de El Pais, hacen que sea dificil rebatir tu opinión, porque claro, en eso estoy de acuerdo!! Pero, en el fondo no lo estoy para nada.
Sin acritud, por supuesto! ;)
Siempre que pienso en la gastronomía y la alimentación de diario me lleva a mi infancia. Creo que la infancia es una época, en general, poco aprovechada para aprender a comer, cocinar y disfrutar.
Hace ni sé cuantos años, cuando cursaba 2º de EGB, antes de las vacaciones de navidad, mi profesora quiso enviar una nota a todos los padres de clase en la que decía que estaría bien que durante las vacaciones practicáramos un poco la redacción de textos. Era una nota genérica dirigida a todos los padres, pero mi madre se lo tomó un poco a pecho y como mujer práctica que es, debió de pensar que porque no hacer por lo menos dos cosas de una misma tacada.
Así, esas navidades aprendí a cocinar lentejas, salsa de tomate, puerros con patatas, garbanzos y carne guisada, arroz con verduras, croquetas, bizcocho, etc. y claro, según lo preparábamos yo debía escribir la receta, primero los ingredientes y luego la elaboración. Al final, tenía un cuaderno redactado de recetas, un aprendizaje inolvidable y unas cuantas buenas mañanas. Lástima que no conservé ese cuaderno de pastas verdes.
@Dani
En mi caso jamás diré que lo nuestro es mejor que lo de los otros, o viceversa, y que lo antiguo es mejor que lo nuevo, o viceversa. Lo que sí diré es que en nuestro país NO cuidamos el mimo a la cultura, a la curiosidad…evolucionamos sin ton ni son y no filtramos, o somos incapaces de filtrar, las cosas que pasan alrededor.
El hecho fundamental de la falta de cultura es que el comensal (o lector, o lo que sea) se queda sin referencias para comparar cosas. Coge lo nuevo hoy…y desechará lo de hoy mañana.
No existe un proceso de aprendizaje lógico y que ACUMULE sabiduría SIN DESTRUIRLA.
Saludos,
Xabi
Ufff, sinceramente no creo que eso ocurra. O si ocurre que sea algo tipico de España…
Yo creo que la gente simplemente decide qué hacer…. y mi opinión es que el extremo dibujado en el post y en tu comentario simplemente no existe.
Hay gente que seguramente no tiene en cuanta sus raices culturales, eso seguro, y hay un problema en cuando eso no se hace, como individuo, individuos que forman un grupo y grupos que forman una sociedad.
Hay gente que mima su cultura y sus raices, y que saben decidir y deshechar lo que sea desechable y que no sirva y lo adpatan y amoldan a los nuevos tiempos creando productos, servicios, usos, costrumbres, bienes enriquecedores. Con esos nos quedamos.
Pero repito que los panoramas grises y destructivos no van conmigo. El ser critico debe ser una herramienta para mejorar y unir, no para separar y dividir a los que son o los que hacen con los que no son y los que no hacen, ¿por qué?
Porque los individuos y grupos que optan por lo segundo ellos mismos se califician y se situan. Pero cuidado que me parecen tan malos como los de critica fácil.
Como siempre, la mayoría de estos problemas vienen por una falta de equilibrio. Es sólo mi opinión, claro.
Me gusta encontrar nuevos productos en el mercado, pero tengo claro que mi compra habitual no puede estar trufada de mangos, gambas de Huelva ni foie. El exotismo y el precio mandan, claro. (Y yo tampoco entiendo las recetas de EPS, en serio).
Lo que me parece muy importante es lo que dices de que hemos hecho habitual lo excepcional. Te refieres a la comida, pero yo tengo la impresión de que forma parte de algo más amplio. Antes -me refiero a hace 20 ó 25 años-, era difícil encontrar gente que saliese de vacaciones al extranjero; ahora tenemos que viajar al caribe o a Tailandia o la selva amazónica… ¿No se puede ir más lejos que a Nueva Zelanda? No sé si tiene que ver con la bonanza que hemos disfrutado estos años atrás (a ver quién se acostumbra ahora a otra cosa) o a al tradicional desprecio español por lo nuestro. Siempre lo de fuera es mejor, así que mejor hummus, que garbanzos con callos. ¡Que ordinariez!
De todas maneras, es que nos encantan las tonterías. El otro día hablaba con una amiga que me decía que a su marido lo que le gusta es “hacer cocina creativa” (¿?). El chaval no sabe asar un trozo de carne, pero quiere jugar a ser Adriá. Ese también es un problema.
Para terminar, mi experiencia. Lo último que me han pedido que suba al blog son recetas sencillas y tradicionales (volvemos a las lentejas) explicadas muy claramente. Albóndigas, paella, flan, arroz con leche… Comida de tribu. Parece que tienen ganas de cuchara y yo, encantado de ayudarles.
“¿Ha mejorado la calidad de nuestra cocina?” Creo que sí, en cuanto a que disponemos de mejores productos, y a que tenemos mejores armas para cocinarla (cocinas, hornos, frigoríficos, menaje…),
“¿Cocinamos más? ¿Mejor” Ahí tengo mis dudas, porque a cocinar se aprende cocinando y parece que no le dedicamos mucho tiempo, pero habrá que seguir haciendo fuerza.
“¿Comemos mejor?” Comemos como se puede, creo.
Al final, lo que decía:la importancia de recobrar el equilibrio. No es malo tener un precocinado en la nevera. Que esa sea tu dieta habitual, sí. No es malo comer de fiesta, que cada día lo consideres “especial”, acaba con ellas.
Hala, ya solté el ladrillo. Un abrazo.
@Dani
Prueba de la parte positiva y que creemos en la Humanidad es The Glutton Club. Pero TGC nace del hecho de que la gente, la inmensa mayoría, no sabe distinguir un Idiazabal bueno de una malo. La razón es que no hay mecanismos para educar sobre temas de alimentación, nutrición, etc.. Es decir, no hay una conciencia generalizada de que haya que comer bien (y donde digo comer, como economista, pongo cultura financiera).
La evolución será la que cada uno quiera o le toque, o una combinación de ambas. Pero a mi no convence ni mi madre de que en mi entorno hay aversión a la curiosidad, a la cultura, a la investigación y al esfuerzo.
Soy el primero que ama esa diversidad y cuando he vivido fuera la he disfrutando…siendo consciente de que la disfrutaba (=filtrando). Vivir “al día” tiene su talón de Aquiles en la fragilidad de construir sociedades desmemoriadas e incapaces de valorar lo propio y lo ajeno.
Y como tengo fe en mejorar mi propia andadura, aquí estamos, tirando pa’lante, compartiendo/creando proyectos con diferentes agente, acercándonos a los universitarios, editando un libros, etc.
Saludos condales,
Monsieur le Comte
Con esto de los debates al final (y al principio) uno piensa si valen para algo. Porque si yo he dicho algo (o escrito) que te haga pensar (luego escribir) lo que has escrito (valga la redundancia) debo decir que o muy mal me he explicado o muy mal me has entendido.
Volviendo al tema. No creo que todo lo nuevo sea malo igual que no creo que todo lo antiguo (siendo básicos como si dijenemos 1+1=2) sea bueno.
Por el mismo motivo no creo que unas lentejas sean mejores que una esferificación de Adrià. Y tampoco creo que sea malo que haya personas en sus casas que sepan hacer esferificaciones y que no sepan hacer lentejas.
Pero tu último párrafo, asi como el primero m dejan bastante mosca. Es como si después de unos meses y algunos tweets por medio sintieses la necesidad de explicar que es lo que haceis (cosa que tenia muy dudosa al principio, pero que hoy en día tengo bastante clara y que más de una vez os he ensalzado a las alturas por hacerlo. No sabia que este post fuese verbo y palabra de DelifunArt y de TGC)
Yo no creo que los exotismos se estén cargando la cocina de a diario, sencillamente ésta va evolucionando según vamos encontrando nuevos productos. Tienes razón al decir que muchos/as han aprendido a comer foie antes de ponerse a hacer croquetas (un ejercicio que recomiendo al 100%), pero ¿acaso no decían lo mismo nuestras abuelas al ver a nuestras madres usar las pastillas de Starlux?
Cada vez que oigo a alguien despotricar contra las novedades venidas ‘de fuera’, me acuerdo de cuando el surimi llegó a Euskadi. Se lo llamó Txaka y se comía en Navidad. Ahora, vete y busca un bar en el que no haya pintxos que lo lleven…
¡Un saludo!
@Dani
1) Es la interpretación que he extraído en base al párrafo “Hay gente que mima su cultura y sus raices, y que saben decidir y deshechar lo que sea desechable y que no sirva y lo adpatan y amoldan a los nuevos tiempos creando productos, servicios, usos, costrumbres, bienes enriquecedores. Con esos nos quedamos”.
2) Y, atención #momentoAKdeldía, a la frase de “Es como si después de unos meses y algunos tweets por medio sintieses la necesidad de explicar qué es lo que haceis” te puedo decir que sí, jajaja. Lo seguimos necesitando…y obviamente vamos diciendo una cosa cada vez :D Y es más nos pasaremos tooooda una vida explicando las cosas (ak).
Bueno, fuera malentendidos. En lo esencial, de la nota de la Duchess of Porvernir, creo que tiene razón para el caso de España y veo que piensa en posibles causas/tendencias.
Saludoak,
Il Conte
Anna: Totalmente de acuerdo.
Yo ya lo comenté en Tudela. Parece que la cocina “de diario” no es gastronomía. Que gran equivocación. Precisamente es la base de casi todo.
En este país pretendemos llegar al nivel 10 de cualquier cosa (cocina, finanzas, diseño, etc) sin pasar y sin asimilar los niveles 1, 2, etc.
Vivimos en permanente estado de excepción por que pretendemos que todo sea excepcional. Ya nadie se conforma con un plato de arroz. Ahora necesitamos un “Arroz caldoso de Calasparra, con perfume de cítricos, verduritas y reducción de loquesea” Todo tiene 2, 3, 4 apellidos. Necesitamos adornar nuestro día a día en una especie de afán de huir de la “normalidad” TODO ha de ser excepcional.
…En el fondo es un terrible complejo por no querer saber quienes somos y quienes hemos sido. No querer entender nuestra cultura y tradición gastronómica, para idolatrar la gastronomía (pongamos un ejemplo) Japonesa.
El 90% de las generaciones under 40 está perdido para la gastronomía!
…más vale que aún quedamos 4 (o 400) locos dispuestos a salvar a la humanidad con el trabajo y la cocina de todos los días!
….por cierto “Duchess of Porvenir” qué gran título y que bien puesto!! ;D
@Dani
Por cierto, creo os vamos a coger a un panel de gente para que nos expliquéis que entendéis que hacemos :D Puede ser divertido y todo, ak ak ak!!
El Conde
Para que la gente sepa lo que haceis, primero teneis que saberlo vosotros… ;))
Y me reafirmo en lo que digo no solo en el párrafo entrecomillado. Si no en todos y cada uno de mis comentarios. Que a modo de sintesis:
1. Hay que pensar que la gente es inteligente y saben lo que hacen.
2. No podemos estar constantemente diciendo y enjuiciando por lo tanto lo que es bueno y lo que es malo como si fuese dogma de fe.
Una cosa es trabajar para que la gente sepa qué queso Idiazabal es uno bueno y cual es uno malo y que sin embargo los dos tienen el sello de la D.O. <- eso creo que es lo que hacéis.
Otra cosa es trabajar para decirle a la gente lo que tienen que comer y lo que no tienen que comer. <- Esto creo que no es lo que haceis. Y creo que es lo que se dice en el post. Y por eso, repito, "No estoy de acuerdo con lo que se opina". Y creo haber dado razones argumentadas desde mi punto de vista, tan razonables como lo que se expone en el post.
Bueno, me siento agredido totalmente ya que soy de la generación decís no sabe hacer unas lentejas; es más soy de la generación E.S.O.
Vallamos por partes, la mayoría no sabe hacer una lentejas; pero eso se debe en gran parte a que viven aún con sus padres, y sino cocinas no aprendes.
La siguiente, cuando se van a vivir, normalmente ninguno en la casa tiene tiempo (parejas, tríos, solitarios) debido al trabajo; se plantan en el supermercado y tienen guacamole y un bote de lentejas (por seguir con productos que habéis puesto); las lentejas son purriela al lado de las que están acostumbrados, pero el guacamole no, porque sencillamente no están acostumbrados.
Siguiendo con el tema, considero que muy pocos de los que saben realizar realizar realmente cocina molecular (o como lo queramos llamar) no saben realizar cualquier plato, ya que se aprende a correr andando. Otra cosa es que te compres un día el kit de esferificar de ElBulli y juegues un día con el.
Otro punto importante a valorar es el aporte calórico de las comidas suponéis se están perdiendo. En la mayoría es alto y los trabajos de hoy, incluso los físicos, requieren menos esfuerzo que los de antes, por lo que el aporte debe ser más bajo y por tanto la frecuencia de estos platos.
Por último decir que me encanta la nueva cocina y la antigua, pero las de verdad que hay cosas incomibles en ambos bandos. Y en cuanto tengo tiempo practico las dos; y una vez a la semana el viaje al mercado no me lo quita nadie, que considero que es mucho más importante que si luego haces lentejas o espuma de espárragos.
hola,
¡estoy encantada con este debate!
mi sensación es que, al final, como casi todo, es una cuestión de educación. y hablo de educación formal y educación ‘no formal’. y es cuestión de (perdonad la expresión, espero que se me entienda), de ‘buen gusto’ y de tradición. es imprescindible haber aprendido a comer en casa (y en casa se come comida casera).
soy de la generación ‘under 40′ y sé cocinar unas lentejas. y sé cocinarlas con su ajo asado, su morcilla y su arroz y también hacer una ensalada con ellas coronada con un poco de foie fresco a la plancha y reducción de pitiminí y un puñadito de flores si se tercia (nunca se tercia, aclaro).
entre la gente que me rodea hay personas para las que comer es un suplicio, una obligación, un placer, una devoción e, incluso, una adicción. y hay gente que tiene obsesión por aprenderse listas enormes de vinos o restaurantes y, queridos, aquí podemos decirlo, para mí eso es de parvenu. de nuevo rico de toda la vida, vamos.
me gusta tener una lata de foie bueno (como alguien dice, ahora todo son foies y gambas, pero ¿es una calidad aceptable?) en la despensa para un día especial (‘especial’ puede ser cualquier circunstancia, por supuesto, incluso un ‘porque yo lo valgo’), pero no quiero comer foie cada día. no puedo permitírmelo, pero aunque pudiera no querría.
es una cuestión de equilibrio y, por supuesto, de decencia. no quiero ser demagoga, pero no está el mundo como para ir dándose festines así y no lo digo sólo desde el punto de vista económico, me refiero también a la sostenibilidad y, por supuesto, a temas de trazabilidad, calidad, salud, etc. ¿a santo de qué voy a comer cada vez que me apetezca mangos peruanos? ¿qué precio estamos pagando todos por ese capricho?
espero que no caiga la caballería sobre mi cabeza, pero es la sensación que tengo. de alguna manera, hace veinte años la gente que no sabía muy bien qué hacer con sus cosas del comercio y del bebercio se hacía vegetariana y ahora les da por saber de gastronomía. dentro de unos años les dará por la botánica.
para mí es imprescindible saber darle el punto a un chuletón o cocer bien unas judías verdes antes que aprender a esferificar. no se puede empezar la casa por el tejado. dicen eso de que cultura es lo que queda después de leer mucho y olvidarlo todo.
al fin y al cabo, ¿estamos tan lejos de aquello de meter una aceituna dentro de una codorniz dentro de una perdiz dentro de un pollo (…) dentro de una vaca? me temo que no.
saludos,
carme
Me había prometido no entrar en el debate hoy, pero quien me conozca sabe que eso es como ponerme un plato de arroz caldoso y pedirme que espera hasta mañana. Así que mejor no resistirse a lo imposible y entrar en el asunto porque además corremos el peligro de que el debate, como el arroz, se nos acabe pasando.
1- En este caso estoy completamente de acuerdo con la tesis defendida por la señora Duquesa. Creo que hay un abandono progresivo de lo tradicional en beneficio de lo moderno o, mejor aun, de lo modernissssssimo. En general, con honrosas excepciones, creo que lo culinario, como tantos otros aspectos culturales, sufre de una cierta “aculturación” combinada con una cierta dosis de papanatismo que, en mayor o menor grado. Lo moderno mola, España es la vanguardia intergaláctica de la cocina contemporánea, así que todos nos arrojamos en brazos de ésta. Y si, las gelificaciones están muy bien y son muy interesantes, por supuesto, pero ¿Se puede aprender a hacer ecuaciones de cuarto grado sin saber hacer antes las de primero? ¿Se puede ser cubista sin saber antes dibujar? No lo sé. Pero el tema me plantea serias dudas.
2- Me asusta, sinceramente, ver como en el comedor escolar de mi hija los niños dejan los garbanzos con bacalao pero se lanzan a por cualquier hamburguesa de Macloquesea en cuanto tienen la oportunidad. Y me asusta por lo que tiene de relación con los hábitos alimentarios, pero también porque el paladar y la memoria se forman desde esas edados. Y, como tiendo a ser tremendista, me da mucho miedo una sociedad cuya memoria del paladar, por llamarle así, se ciña básicamente a determinados sabores y platos.
3- España es un pais industrializado, si, pero no hace tanto. Cuando pensamos que en Alemania las primeras sopas enlatadas y los primeros purés de patatas en copos se vendían en el último cuarto del S.XIX y que aquí un tercio de la población no tenía luz ni agua corriente en casa en los años 40 tenemos que aceptar que, para nuestra desgracia, la industrialización es un proceso relativamente nuevo por aquí. Y relativamente pobre, porque Bilbao o el cinturón industrial de Barcelona no son lo mismo que la provincia de Zamora o la de Lugo en ese aspecto. Aquí en los 80 alucinábamos con el Tang, que llevaba más de dos décadas por el mundo adelante, y nuestros parientes emigrantes, que los había porque se iban a trabajar a esos otros paises… va, venga, lo digo, más industrializados, venían contando cosas de paquetes que metías en el horno, se inflaban y de allí salía un plato caliente o un pollo asado.
4- Con el término “aculturación” me refiero a que hay una tendencia demostrada a abandonar ciertos conocimientos tradicionales en favor de otros importados. Y eso es así en todos los ámbitos. Hay más Yomairas o Dylans en las guarderías que Pepe y Marías (al menos en mi pueblo). La forma de vestir, la música, el cine, las series… tienden a una uniformización evidente. ¿Y la cocina? Bueno, en según qué generaciones es más fácil encontrar a alguien que se declare devoto del sashimi que a un aficionado a los callos con garbanzos. Además, llevar a tu ligue a cenar lentejas para impresionarla no es lo mismo que llevarla/o al japo de moda. Y me cuesta creer que sea casual.
5- La cocina tradicional sigue teniendo, en mi opinión, el lastre de épocas de miseria. Las lentejas, por ejemplo, fueron el elemento básico de subsistencia de millones de españoles durante años. No hace tanto. Conozco a gente, aquí en Galicia, que se niega a comer pan “negro” (de maiz o de centeno) porque durante décadas era el único al que podía acceder. A ver quién los convence de las virtudes gastronómicas de esas especialidades ancestrales. Los guisos de cuchara siguen teniendo, para mucha gente, un tufillo a plato de pobres ¿Lentejas en día de fiesta?
6- Papanatismo, como decía. Las novedades molan. Nos gustan a todos. Soy el primero que reconoce haberse puesto a hacer experimentos con una jeringuilla y unos texturizantes de El Bulli. Es divertido, impresiona… desde luego impresiona más a la mayoría de las visitas que un puré de patatas caserito, bien preparado. Ah!, eso si, te lo pone Robuchon y lo infla de mantequilla y la cosa adquiere dimensiones épicas, pero en casa parece que no. Al menos esa es mi experiencia.
7- Paciencia y tiempo. Nos faltan a todos. Y unas lentejas con prisas no son unas lentejas como las de mamá. Yo, que soy el mayor especialista en pegar lentejas y en estropear tortillas de mi provincia, reconozco que lo que me pierden son las prisas. Estamos (estoy) mal acostumbrados.
Así que, sin querer ponerme apocalíptico y reconociendo que, como en todo, hay excepciones, creo que en general tenemos un problema con la cocina tradicional, que no pasa su mejor momento de saludo y que, me temo, los pasará peores en un futuro inmediato.
Dicho lo cual, creo que me prepararé un wok tailandés para cenar lleno de hierbas imposibles. Porque esta es mi opinión, sin ánimo de polemizar, pero…
Te asusta lo del comedor de tu hija? Y eso crees que es de ahora? Perdona, eso ocurría hace 30 años en el comedor de mi colegio. Como aplastabamos los garbanzos al fondo del plato para decir que ya nos lo habiamos comido….
¡Por Dios! No sé hasta que punto estamos llegando de new hippismo que parece que ahora lo que se tiene que imponer en la vuelta a lo tradicional.
Es esto con lo que no estoy de acuerdo. No puedo estar de acuerdo que bajo supuesta tolerancia se llegue a hacer ver que quien opte por lo postmoderno es una persona que opta por el “papanatismo”.
Por supuesto que en todo lo demás estoy de acuerdo. De hecho es la mejor forma de aprender, empezar por las sumas, seguir con las restas, continuar con las multiplicaciones, divisiones, raices cuadradas, divisiones, logaritmos, etc… ¿Es que hay alguien que piense que eso no debe ser así? Yo desde luego que no.
Pero pongamos sentido común, y dejemos de decirle a la gente lo que tiene que comer o no. Si no saben hacer lentejas, que no las hagan. Seguro que solo un 1% de las personas que no saben hacer lentejas o un buen asado de carne, son capaces de hacer una esferificación.
Creo que es muy demagogico hacer ese tipo de debates… solo bajo una defensa de lo tradicional. Que yo por lo menos no he atacado.
Parece que necesitamos crearnos enemigos para seguir avanzando. Pero yo no he escuchado a nadie criticar lo tradicional como algo viejo y caduco y que no vale para nada y que por lo tanto hay deshechar.
Yo opto por la innovación, por aprender de lo tradicional, quedarnos lo nuevo y aventurarnos de su mano en nuevos caminos.
Dani.
Aunque parezca mentira, no estamos en absoluto en desacuerdo en muchos aspectos. Pero este tipo de debates, mejor con unas cervecitas y en un bar, porque de otro modo tienden a enquistarse.
Por cierto, acabo de leer que el día de fin de curso, un poco como “comida de fiesta”, en el comedor del colegio les darán pizza (lease masa congelada, tomate frito y loncha de queso para sandwich) y polo (de naranja o de limón) :)
Siguiendo con mi nuevo rollo new-hippy: Paz (y buenos alimentos).
Un abrazo
Debería, y querría, contestar a todos los comentarios uno a uno, ya que cada uno de vosotros se ha parado a leer lo que he escrito y se ha tomado la molestia de contestar. Muchas, muchísimas gracias.
Me sorprende la dirección que están tomando los comentarios, que me parece que no tiene nada que ver con lo que iba diciendo yo. No es que quiera redirigir la conversación – de hecho, de todos los comentarios están saliendo más ideas, y muy interesantes, así que adelante!
Mis preguntas giran alrededor de esas personas – que no somos muchos de los que han escrito aquí: Dani, Jorge, Capitán – que no saben cocinar y les da miedo. No saben tampoco hacer esferificaciones (¿de dónde ha salido ese tema?), faltaría más.
No se les ha enseñado a cocinar y casi a comer. Lo que digo es que lo que llega desde los media es un tipo de cocina (que yo también cocino y miro, me estoy metiendo en este saco igual que todos) que, creo yo, intimida. Es apetecible, tiene una pinta moderna, pero es extraña. Para entender lo extraño, a veces quizás no siempre, está bien conocer lo tuyo. A mi me da igual que sean lentejas o pasta o filete; me importa que sea bueno. Y no hablo de ecológico-local.slowfood bueno. Con correcto ya me parece mucho – que no sea una cosa cualquiera, que tenga un por qué, que el punto que se le da sea adecuado. Esa apreciación – como la apreciación estética – es algo que se entrena, y no es ni elitista ni antidemocrática. Todos pueden llegar a eso, y disfrutarlo. Si la sociedad en su conjunto le da importancia, esa pasa a la población.
Volviendo a lo que decía: llega un tipo de cocina apetecible y el mensaje que pasa, en mi opinión, es: si quieres cocinar, esto es lo que hay que cocinar, es lo que se lleva. Y me parece intimidatorio – conozco a mucha gente (si me he metido a dar talleres es por una razón) que dice que le da miedo cocinar, que para eso no valen.
No hay nadie, o pocos, o no lo hacen bien, que les guíe en ese camino, que les ayude a construirse un criterio propio. Ese rol, en mi opinión, está en los periódicos, revistas, programas televisivo y de radio, y blogs – que por cierto, creo que son los que mejor lo están haciendo.
España además vive una dicotomía: tiene una cocina de restaurante de avanguardia, pero la cultura gastronómica (culinaria, alimentaria, llamádla como queráis) muy pobre. Sigue valiendo la idea de “esto es lo mejor”, que para mi nunca ha sido un valor.
El segundo tema, el de la malcrianza, es otra cosa. En el post no quedaba bien, pero el paralelo que suelo hacer es el de las chuches. Cuántos niños toman chuches todos los días? A juzgar por la cantidad de sitios de chuches, de niños con bolsitas en la mano, por los que veo alrededor del colegio y de los patios de mis hijos, muchos. Todos, los, días. Aunque sean una o dos. Sin temer pasarme, para mi eso es un crimen. Una chuche debería ser como una ostra, como una copa de champagne, como una chocolatina: excepcional.
Qué divertido lo nerviosillos que nos ponemos cuando alguien nos hurga en las tripas. The Duchess of Porvenir ha lanzado unas preguntas, ha dejado el el aire un par de tesis y parece que ha tocado las teclas justas para desatar la polémica.
Yo ante su post diría que tiene razón, pero que la asociación de la causa con los efectos negativos es quizás un poco excesiva. Pienso que la oleada de nuevos sabores y la oferta de nuevos productos es un factor meramente coyuntural de la situación, pero no el origen.
Lo estructural, y lo que nos pesa principalmente a nivel poblacional, es que:
a) No somos habitualmente un pueblo muy dado a ilustrarnos (como pueblo, no hablo de que carezcamos de estudiosos y curiosos). Somos más cocinillas que cocineras/os, y casi para nada alzamos la vista más allá de la primera ventana que encontramos. ¿Cuantos libros de cocina en español realmente indagan en las variaciones, en sus orígenes, cuantos comparan distintas fuentes?
b) Nos apasionan las modas. Y esto unido al punto anterior es un cóctel explosivo. El resultado va desde la mitificación de lo tradicional a la fijación por la esferificación, de considerarse absolutamente conceptuales a decir que el arte desde el modernismo para acá es todo una basura. Nos quedamos en la moda, no aprendemos de la historia.
c) Y por último, las lentejas las hacía generalmente quien quedaba en casa para hacerlas, es decir, que a la gran mayoría de la gente le gusta llegar y encontrar el plato puesto. porque hacer el plato del día a día sigue siendo una labor considerada de segunda clase. Cuando alguien les preparan un buen plato de lentejas, se siguen relamiendo. Pero cuando cocinan, les gusta ser un poco estrellas. Aunque sea para sí mismos.
Así que la receta para corregir la situación no es retirar los nuevos productos, ni mitificar la cocina tradicional, sino educar en la amplitud de miras, en la comparación entre culturas gastronómicas y en que el personal comprenda que el arte pop o el abstracto o los sabores más disparatados del contemporáneo están muy bien, pero que hay que mirarlo con la referencia de todo lo anterior y con las sociedades que los produjeron.
Vaya, qué serio me ha quedado todo.
Importantisimo el agua que se emplea, asin como el tiempo empleado , tambien importante el tipo de fuego . Tener en cuenta estos pequeños empero importantes matices !!!
[...] semana, por distintas razones, se ha hablado de cocina tradicional. Yo en el Glutton Club, lanzando unas preguntas que han tenido muchas respuestas. Jorge en su blog ha abandonado por un [...]
[...] dio en forma de respuesta a la crónica de un servidor, mientras que el segundo debate, con “¿Qué cenamos hoy?“, ha provocado récord de visitas en esta casa. Pinche sobre la foto para ver los matices [...]