A nadie se le ocurriría entrar en una tasca 1.0 de nuestro país y pedir un “Wiener Schnitzel“, ya que se corre el mismo peligro que cuando uno pide una tarta “satxer”: que la petición sea respuesta con un “¿qué?”, un “¿cómo?” y, en última instancia, un “es que… se nos ha acabado”.
Sin embargo todo el mundo imaginará que no pasaría lo mismo si entrásemos en cualquiera de las casa de comidas que pueblan nuestros pueblos y pronunciásemos la mágica combinación de palabras “filete empanado”. O, mejor aún, “filete empanau”, como debe ser pronunciado. En menos de lo que canta un gallo tendremos en nuestra mesa un filete de ternera ancho y fino pasado por harina, huevo y pan rallado y frito en abundante aceite, generalmente acompañado de patatas fritas y, cada vez más raramente por desgracia, con una rodaja de limón. ¿Acaso no es eso un Wiener Schnitzel?
Pues más o menos sí. Naturalmente, hay unas pequeñas diferencias: el filete vienés debe ser ablandado antes de ser empanado, golpeándolo repetidamente con un mazo. Y la diferencia más substancial, pequeñísimo detalle por el que la versión vienesa gana por goleada a la ibérica: aquella se fríe en mantequilla clarificada. Todos estaremos de acuerdo en que, como dice el Mastro Yarza, “I’m pretty sure heaven is made of butter, don’t you think?”.
Desde el punto de vista de la comercialización, sin embargo, hay otra diferencia que marca claramente las fronteras: parece que un “filete empanau” no puede ser servido más allá de algún menú del día “sin aspiraciones” (<10-12€) o de freidurías y tascas de comida rápida castiza. Un Wiener Schnitzel, sin embargo, está plenamente justificado que sea cobrado más de 10€ por el mero hecho de tener esa denominación.
¿Cuál será la razón por la que ocurre eso? Les dejo unas cuantas opciones, para que reflexionen:
- ¿Será por los prejuicios que tenemos en este país por los que todo lo extranjero es mejor? Aplicándoles el filtro de “cariño familiar”, naturalmente: yo puedo decir que mi X (país, mujer, hijo, casa, trabajo, etc.) es una merd, pero como lo diga alguien más se va a llevar un soplamocos.
- ¿Será por la deuda histórica que tenemos para con la dinastía Habsburgo reinante en Hispania durante los siglos XVI y XVII, por hacer de nuestro país “el imperio donde nunca se ponía el sol”?
- ¿Será por reconocer superioridad austríaca debido a aquel festival de Eurovisión de 1966 en el que Udo Jürgens ganó con la canción Merci, Chérie a nuestro candidato, el cantante nacional Raphael que llevó Yo soy aquél, tan popular como provocador de autolesiones de quinceañeras?
- ¿Será por que nos gusta mucho la mantequilla?
Elijan, propongan, juzguen, opinen.
Y, si hablamos de Wiener Schnitzel, a nadie le sorprenderá que diga que el paraíso de este manjar no se encuentra en otro sitio que no sea Viena. Concretamente, en un pequeño restaurante llamado HUTH Gastwirtschaft situado el número 5 de Schellinggasse, en pleno centro histórico de Viena, a 10 minutos escasos de la Staatsoper o la Musikverein (situación que la hace ideal para una comida-cena pre-concierto a media tarde).
La misma denominación de Gastwirtschaft, “casa de comidas” en alemán, nos previene del origen tradicional de su menú, pero no alcanza a describir ni de lejos lo opíparo y elaborado de los manjares que ofrecen. A la carta standard se le suma una carta estacional que va cambiando cada mes y recoge los platos de cada temporada.
En nuestro caso rara vez miramos siquiera al papel, quizás vamos con mucha hambre y nos apetece alguna sopa (¡qué gran sopa de calabaza comí aquella primera vez!). En general, vamos a piñón fijo: un perfecto Wiener Schnitzel con una pequeña ración de la Kartoffelsalat [foto] más gloriosa que un ser humano pueda degustar hoy en día en este planeta.
Y los postres… ¡ay, los postres! Aquellos Powidltascherl mit Nussbröseln und Zwetschkenröster [foto], saquitos de ciruelas con nuez picada y guarnición de ciruelas asadas, ni siquiera eran de este planeta. ¡Manjar de dioses!
Nuestro guía espiritual y gurú gastronómico, el Dr. Cabrera, nos dedica unas sabias palabras sobre el establecimiento:
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Efectivamente, una de las maravillas de este sitio no es otro que la ya mítica jefa de sala, por llamarlo de alguna manera, la maternal y campechana Lotte. La primera vez que estuve en Viena también pasé por Huth y en aquella ocasión Lotte me espetó un “Das ist Medizin!!!” cuando le dije que no quería vino porque no bebía alcohol. Esta vez nos sorprendió con un sonoro y sentido “Entschuldigung!!!” (“¡¡¡Perdón!!!”) cuando se dio cuenta de que había dejado vaciar la botella de vino sin habernos ofrecido otra. Estas anécdotas están garantizadas con esta señora, que incluso posó para una fotografía junto con Lady Fernández de Cabrera, a la sazón esposa del Dr. Cabrera:
Resumiendo: manjares divinos, servicio exquisito y precios correctos. No dejen de ir si visitan Viena, debería ser parada obligatoria para cualquier amante de la buena y sencilla mesa.
Por cierto, esta Gastwirtschaft tuvo tanto éxito que la casa ha abierto dos establecimientos más en la misma calle: HUTH da Moritz, con el motto “pizza-pasta-grill”, y HUTH Beisl.
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HUTH Gastwirtschaft
Schellinggasse 5 | T. +43.1.513 56 44 | info@zum-huth.at
(También en Facebook y en Twitter)
Más fotografías de HUTH, por Sir Anthony Worldgate: aquí.
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P.D.- Para los que me echen en cara no haber mencionado la cotoletta alla milanese, que alguno habrá: no se molesten, no pienso entrar en la polémica sobre el origen del plato.


















Yo no he abierto boca.
[...] Wiener Schnitzel, o el filete empanado http://www.thegluttonclub.com/2010/05/27/wiener-schnitzel-o-el-file… por condedelamaza hace 2 segundos [...]
[...] Sigan leyendo el artículo en THE GLUTTON CLUB [...]
Schnitzel ohne Preiselbeeren? Hmmm…