The Glutton Club
Año III
Donostia—San Sebastián, 17 de mayo de 2012
Edición #215

Réplica a “El día que las mujeres abandonaron las cocinas”

May 20th, 2010

O de una erudita y trotamundos llamada Anna von Mayer, italiana pelirroja descendiente de la Reina de Saba, de nobles alemanes y revolucionarios mejicanos y sobre todo descendiente directa de Lord Byron, que por destino del Guadalquivir habita en Sevilla. Seas bienvenida a esta aristocrática morada.

Premisa

Si pudiera resumir articuladamente las distintas ideas que tengo acerca de este tema, ya habría publicado un libro. No tengo esa habilidad, y mis ideas son a menudo confusas y opuestas. También, me pierdo por el camino. Avisados estáis.

El día que se pudo decidir

El día que las mujeres abandonaron las cocinas (el artículo del Conde de la Maza) Se puede ver también desde otras perspectivas, por ejemplo: El día que los hombres entraron en las cocinas o El día que las mujeres -y los hombres- decidieron si querían estar en la cocina.

Hasta hace x años la cocina era claramente territorio de mujeres. No es un tópico y no hay mucho que discutir sobre ello: por las razones que fueran hasta los años ¿70? (quizás ’80 en España – recordad que yo vengo de Italia) la situación común era el padre que trabajaba fuera de casa, con sueldo, y la madre que trabajaba en casa, sin sueldo.

Fast forward: feminismo, discusión de roles. La primera reacción es rechazar los roles tradicionales en cuanto estigmatizados como malos, represivos, machistas. E incluso sin que haya una elección tan tajante y política, en muy poco tiempo la mujer se incorpora con normalidad a la Universidad y al mundo laboral, adoptando un papel distinto y casi antagónico al de su madre: cocinar se asocia con dar de comer ergo con ocuparse de la familia ergo fuera. Discutible pero comprensible, ¿no?

Está el tópico del hombre-chef y mujer-cocina de batalla (expresión esta última de Nia). O de la mujer que no sólo da comida sino nutrimento, nourishment, cariño. A día de hoy yo creo que son tópicos, lugares comunes que tienen una base de verdad pero que no se pueden (no se deberían) ya hacer ostensibles a todos como norma.

La base de verdad, está clara – por lo mismo que decía arriba: si ‘normalmente’ eran las mujeres las que cocinaban en casa, ellas eran las que tenían que lidiar con el día a día, mientras los hombres (los que tuvieran un interés para la cocina porque tampoco es que lo hicieran todos) se exhibían sólo en fines de semana.

¿Qué hacer?

Que la vuelta del hombre a la cocina “refuerce el machismo característico de la mujer española”, mientras que “la mujer volvería a tomar un papel pasivo, pero (…) con una copa (…) en la mano”baf.

Si la mujer está en la cocina, malo: esclava del hogar, repite el rol de la sociedad patriarcal (exprimiéndome las meninges podría sacar alguna palabrota feminista más, pero es la una y media pasada y quiero acabar esto ya que necesito mi beauty sleep).

Si la mujer no está en la cocina, malo: asume un rol pasivo frente al hombre que se apropia también de ese ámbito del hogar.

Perdone Usted, Conde, ¿pero qué tenemos que hacer?

Un paso adelante, dos pasos atrás

El mundo ha cambiado, y nosotros vamos arrastrándonos detrás. Si ahora en una pareja los dos trabajan 8 horas fuera de casa (o dentro, pero en fin: en otra cosa que no sea el hogar) ¿quién hace qué?

Algunos siguen repitiendo los modelos que han visto: por inercia, porque les gustan, porque no se les ocurre otra cosa.

Otros aprovechan y se piden lo que le gusta: tú la cocina, yo la ropa (donde “tú” y “yo”, evidentemente serán hombre/hombre, mujer/mujer, mujer/hombre, hombre/mujer).

Otros lo toman como un acto simbólico y escogen lo opuesto de los modelos tradicionales: soy mujer ergo no cocino (porque cocinar era “lo que hacían las mujeres”). Soy hombre ergo cocino (porque soy hombre liberado y acepto un rol historicamente femenino).

Me parecen todas posiciones comprensibles, y no las juzgo. Como mucho, me apeno porque pienso que algunos (y algunas) se están perdiendo algo.

De lo que va todo esto es de comida. Y la comida está rica. Y cocinar es guay. El rollo del cariño para mi es un rollo – ni cariño ni leches: cocinar mola.

¿Lo pienso porque soy mujer? ¿O porque soy italiana? ¿O porque soy pelirroja? ¿O porque tengo 1/32 de sangre india?

Mi idea de feminismo es “poder elegir” – si cocinar o no, si planchar o no, si cambiar el enchufe o no. Si querer hacer esas cosas o no. Y ese poder elegir se aplica a hombres también. Porque adonde yo quiero llegar es a no necesitar algo como el feminismo, y poder hablar sólo de personas (no, no creo que se pueda hacer todavía. Tristemente). Y esto no pintaba nada, pero ahí se queda.

Eso es lo que está pasando, ¿o no? Se está remezclando todo. Están los a los que les gusta cocinar y los que no. Si nos choca que haya mujeres a las que no les gusta, quizás sí ese sea un machismo de vuelta: y por qué debería gustarles?

Para (casi) terminar con este caótico soliloquio, mi experiencia personal.

En mi familia, ambos cocinaban, cada uno con su repertorio – pero esto lo descubrí sólo después de que se divorciaran: preguntaba a mi madre la receta del bavarois y me enviaba a mi padre, a él le preguntaba por los hojaldres de manzana y me enviaba a mi madre. Ella trabajaba más las verduras y los platos tradicionales, él los postres, las carnes y los fermentados (focaccia, brioche y pan). Cuando me fui de casa con 18 años, mi madre me regaló el robot de cocina (que aún tengo, un Rowenta multixer 2000 mucho más útil de la Thermomix), cuando me vine a vivir a España con 24 años mi padre me regaló la Imperia para hacer pasta en casa.

Me he enamorado de Juan viéndole comer coquinas, siempre lo digo y es verdad. No podría vivir con un hombre que no supiera cocinar. Cocinamos cosas distintas, de formas distintas, y no podemos cocinar juntos. Yo he estado trabajando en casa cinco años, y en ese tiempo me he hecho cargo de la organización alimentaria (menú semanal y compra), y ahora que quiero dedicarme a esto profesionalmente hago casi toda la cocina, muy a pesar de él. Los dos hacemos cocina de batalla y cocina de lucirse. [Y en su familia, por cierto, su padre es el que cocina, a la madre nunca le ha gustado mucho.]

Mi hijo León, de 7 años, lleva unos meses cocinando conmigo en la cocina. Le dejo hacer lo que puede hacer – coger ingredientes, pesarlos, mezclar, cortar algunas cosas, encender los fuegos (de inducción). Le explico los términos, los ingredientes, las cocciones, y sigue volviendo. No hacemos “cocina de niños”: en la cocina viene a ayudar a hacer la comida de todos. Linus tiene 4 años y dice que él ahora “sólo mira”. Cuando tengan 12 y 9 años espero poderles dejar al cargo de por lo menos una comida a la semana, porque a cocinar se aprende cocinando.

Lo que queda en el tintero – apuntes para más reflexiones, más allá del género

La comida es cultura. Ergo, se transmite (no es innata). Ha habido un fallo en la comunicación intergeneracional – sí, pero no sólo: la sociedad entera, los medios, han fallado.

Spain is different. Restaurantes de vanguardia, y tomate frito Orlando en la despensa. Algo sigue fallando.

La cocina es cultura. De cocina se habla, se piensa y se discute. Leed cualquier artículo de Mark Bittman o de Hugh Fearnley Whittingstall, y experimentaréis múltiples placeres: al leer de buena cocina, y al leer una buena prosa (y en inglés). Cocineros que escriben bien y/o viceversa, escritores que cocinan bien. Cultura, repito.


NOTA DEL CONDE DE LA MAZA: Deberíais seguir los pasos de la Duquesa del Porvenir enLions and Pancakes” y en Twitter (@panepanna y @annalibera)

8 Responses to “Réplica a “El día que las mujeres abandonaron las cocinas””

  1. Comtesse de Fougasse says:

    Una delicia leerla, chère Duchesse. Un placer como el de desayunar “une tartine” de pan hecho en casa, en una terraza mientras te calientan los primeros rayos de sol del día. Un café, un buen pan y una buena lectura. Si eso no es la felicidad, está muy cerca.
    Disfruté mucho leyendo su réplica en los mensajes y me he vuelto a relamer hoy al leerla a página completa. Creo que debiera usted de pasar de “special guest” a “essential author”. Creo que otra perspectiva lo enriquecería enormemente.
    Un cortesano abrazo,
    Comtesse de Fougasse

  2. Amaia says:

    Como decía ayer, totalmente de acuerdo con Anna, Duchess of Porvenir, también me sumo a la Comtesse de Fougasse, Anna sería una buena “essential author” :)

  3. Anna says:

    Ehm, ¿qué? Un segundo, estoy mirando cómo funciona esto de los títulos nobiliarios…

    Sabéis qué complicado es ser egocéntrica y vergonzosa a la vez? Dos comentarios así y se me vuelve loco el cerebro: regocijarme o sonrojarme?

    Grazie :)

  4. Sin duda un paso atrás en la evolución humana. Estas tampoco tienen mucha relevancia agora en los ranking de cocina en manos de elos. Una pena !! . Adonde esten las manos de ellas pa la cocina, que se aparten elos .

  5. Lola says:

    Aplausos, Duquesa! Al Conde me dió pereza replicarle…

  6. [...] comunicación de servicio: en el nunca suficientemente alabado The Glutton Club han publicado mi réplica a este artículo del Conde de la Maza. Yo os lo había dicho que esos dos eran [...]

  7. countess of the stove says:

    olé las replicas buenas, con el izquierdo por delante…

  8. [...] Special Guest, que han generado interesantísimos debates. El primero de ellos se dio en forma de respuesta a la crónica de un servidor, mientras que el segundo debate, con “¿Qué cenamos hoy?“, ha provocado récord de [...]

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