The Glutton Club
Año III
Donostia—San Sebastián, 17 de mayo de 2012
Edición #215

El día que las mujeres abandonaron las cocinas

May 19th, 2010

O de la necesidad de entender otro cambio radical en la España actual.

Así, en plural. Las mujeres y las cocinas. Y ese hecho ha ocurrido, estimo, con las mujeres de 40 años para abajo. Comentaré brevemente algunas de mis experiencias y percepciones con el ánimo de polemizar, sin duda, pero también con el ánimo y la curiosidad de entender un cambio radical, uno más, que se está dando en nuestra sociedad.

Lo primero que me llama la atención mirando a mis primas mayores, a las novias de mis amigos, a las compañeras de trabajo, las novias de mis hermanos y sus amigas, así como grupos de amigos más o menos cercanos, es que quien de manera natural se ha instalado en las cocinas, repito de manera natural, seamos nosotros.  Lo radical viene por el breve lapso de tiempo, unos pocos años.

Es  verdad que en el País Vasco y en Gipuzkoa en particular los hombres tenemos una tradición arraigada de ser miembros de una o varias sociedades (más fachada que otra cosa), pero eso no tiene nada que ver para que cuando hacemos una excursión mixta, vamos a casa de unos u otros, haya que preparar una merieda, etc. el 90% de quienes hacen la compra, preparan y servimos todo seamos los hombres.

La Gran Gran Delia Smith

También es cierto que pasamos de la comida en tuppers como está mandado. En el trabajo sólo un caballero tiene el privilegio de comer rodeado (literalmente) de mujeres, mientras que el resto nos vamos al comedor o a casa ¡a preparar la comida! Yo al comedor de la universidad, por supuesto. (Digresión: algún día le dedicaré una crónica a ese bodrio).

Vamos, que yo encantado de estar en la cocina (y eso que estoy muy poco, porque prefiero dar buena cuenta) pero si me apuran incluso es algo que refuerza el machismo característico de la mujer española. La idea es simple, como somos tan chorras, ahora somos nosotros los que, por decreto ley, tenemos que tomar la delantera en la cocina y además ser enciclopedías gastronómicas. Mientras tanto la mujer volvería a tomar un papel pasivo, pero eso sí con una copa de crianza o vino blanco en la mano. Una escena digna del segundo acto de la opera en 6 actos Le putaine verbenoir.

Me he remitido al hecho tradicional de cocinar porque ahí es donde creo que se está dando un cambio sustancial. No me he referido a la gastronomía, porque como mundo esotérito y tendente al pajamentalismo y a alocución de mil paridas por minuto, es terreno conquistado desde sus inicios. He querido subrayar el cambio que se ha dado en el día a día, en esas pequeñas cosas que repetidas un millón de veces te llevan a decir que el futuro ya no es lo que solía ser.

Coda

Escribo este post mientras pulula alrededor la Duquesa de Prim y desde que he comenzado a escribir este artículo ha pasado del “Bah, ¡qué tonterías dices!” a enumerarme, como buena cotilla, 273 casos que certifican mi teoría y a decir “Querido Conde, y vosotros tan encantados”.

Quizás todas estas cavilaciones son sólo aplicables al Condado de Eguía-Lancashire, a San Sebastián, a Gipuzkoa o al País Vasco. O quizás no sea aplicable a nada y a nadie. Es por ello que pido su noble y leal aportación.

Finalmente, hago un llamamiento a todas las mujeres que les guste la gastronomía y la buena vida para que se animen a escribir en esta aristocrática morada. He dicho.

21 Responses to “El día que las mujeres abandonaron las cocinas”

  1. Chavalina says:

    Me gusta la gastronomía y la buena vida!

    Jeje, bueno, yo creo que es más una cuestión de cómo se organice cada familia. En mi caso por ejemplo, con turnos, uno hace la comida y otro la cena según nos venga mejor el horario.

    Y eso teniendo la suerte que tengo de que mi chico también es un cocinillas, pero me sorprende que en mi entorno (treintañeros) todavía un buen grupo de gente donde quien cocina es la fémina, pero no la mujer… sino la madre!

  2. [...] El día que las mujeres abandonaron las cocinas http://www.thegluttonclub.com/2010/05/19/el-dia-que-las-mujeres-aba…  por condedelamaza hace 2 segundos [...]

  3. Nia says:

    Bueno, yo lo que he encontrado es que las madres de las mujeres de 25 a 40 años tuvieron un enoooorme complejo de culpa y de mártires, y nos echaron a sus hijas de la cocina (la mía casualmente no). Es decir, intentaron ser supermami y entendieron que si su liberación era en muchos casos haber sido profesionales, y amas de casa a la vez, la liberación de sus hijas iba a ser… el no ser amas de casa. En lugar de repartir las tareas de la casa la familia entera, se apartó de ellas a los hijos (e hijas).

    A mi alrededor hay hombres que presumen de su lasaña, su paella o su tarta, pero que no hacen comida de diario. No saben, y no quieren. Las mujeres jóvenes no saben cocinar, y hacen filetes a la plancha y cosas parecidas casi todos los días. Vamos, que en general son una “generación perdida” en términos culinarios.

  4. Bixigu says:

    Viendo el panorama de mi entorno, por lo menos, no me parece que los hombres se hayan instalado de manera natural en la cocina. Hoy en día, ya que las mujeres han “abandonado” la cocina, no cocinan ni los hombres ni las mujeres, en eso estoy de acuerdo con Nia. Hemos pasado a la época de la pechuga a la plancha, lechuga de bolsa y la ensalada de pasta. Es decir, cocinar la comida de diario, simplemente no se lleva, no sé si es por falta de tiempo, por falta de ganas o por las dos cosas. Eso sí, cuando hacemos cena con los amigos, todo el mundo a lucirse con su especialidad.

    Por suerte, cocino a diario, me lo curro y disfruto con ello, desde unas sencillas lentejas hasta el planto más elaborado; curiosamente es algo que aprendí de mi padre, quien cocinaba lo de diario y lo de fiesta, y lo sigue haciendo aún.

  5. su says:

    Totalmente de acuerdo con Nia…. no hacen comida a diario, y ese es el rollo, pensar que poner, comprarlo y cocinarlo. A mi me gusta comer y por eso he aprendido a cocinar… incluso cuando vivía sola me hacía unos platos estupendos. ¡Tengo amigas que viven solas y comen cada mierda!

  6. con Ka says:

    Supongo que dependerá de cada uno/a. Yo aprendí a cocinar porque me gusta comer bien y alimentarme mejor. Generalmente (ya que estamos generalizando), la gente que no cocina lo hace porque:
    a) Ya tiene a alguien que lo haga por él/ella (madre o suegra, generalmente)
    b) No ha aprendido a comer y por lo tanto cocinar es algo innecesario en su vida.

    En cuanto a si son mayoría de hombres o mujeres… uff, yo lo dejaría estar, que no veas cómo está el panorama más allá de la capital.

  7. Holly says:

    Completamente de acuerdo con Nia, la revolución que nuestras madres nos adjudicaron fue la de liberación de las tareas del hogar. Sin embargo si bien creo que cualquiera puede ser responsable de la limpieza de una casa, no ocurre lo mismo con la alimentación. El error creo que estuvo entonces en incluir el cocinar en el saco de las tareas del hogar y no pensar en lo que comemos como una parte importante de nuestra salud.

    Mi caso creo que es el típico del sur: mi madre siempre estuvo en la cocina y mi padre entró a hacer las migas o la paella en ciertos festivos (pero con la compra que previamente mi madre había hecho, preparado, picado, cortado, y dejado perfectamente preparada simplemente para añadir a la olla!). Nunca vi a mi padre recoger y limpiar la cocina después. Y los hijos aprendimos porque teníamos interés, no porque los padres nos implicaran.

    Creo que en la actualidad ni hombres ni mujeres tenemos (generalmente) el interés necesario para organizarse, hacer la compra y cocinar a diario. Tiempo siempre hay, pero lo dedicamos a lo que el interés nos lleva. Los tuppers de mamá y los filetes a la plancha con ensalada de bolsa (para cuidar la línea porque eso es comer sano) son suficientes para ir tirando. En el día a día, aquellos que tienen la Thermomix o similar suelen ser los más osados, será para justificar la inversión?

    Para lucirse ya están las cenas de amigos y similares… y entonces las mujeres y los hombres vuelven a la cocina (donde estos últimos siempre estuvieron, en mi experiencia, para estos casos) aunque sea solo por un rato.

    PD: cocinar para uno solo cuesta más…

  8. Anna says:

    Premisa: si pudiera resumir articuladamente las distintas ideas que tengo acerca de eso, ya habría publicado un libro. No tengo esa habilidad, y tengo ideas a veces contrapuestas. También, me pierdo por el camino. Avisados estáis.

    “El día que las mujeres abandonaron las cocinas”. Se puede ver también desde otras perspectivas, es decir “El día que los hombres entraron en las cocinas” o “El día que las mujeres -y los hombres- decidieron si querían estar en la cocina”.

    • Hasta hace x años claramente la cocina era territorio de mujeres. No es un tópico y no hay mucho que discutir sobre ello: en la situación típica (pienso hasta los años ¿70? Quizás ’80 en España – recordad que yo vengo de Italia, aunque tampoco es tan distinta) de padre que trabaja (fuera, con sueldo), la madre era la que trabajaba (dentro, sin sueldo). Fast forward: feminismo, discusión de roles. La primera reacción es rechazar los roles tradicionales en cuanto estigmatizados como malos, represivos, machistas. Discutible pero comprensible, no?

    • Está el tópico del hombre-chef y mujer-cocina de batalla (expresión esta última de mi amiga @laguiri). O de la mujer que no sólo da comida sino nutrimento, nourishment, cariño. Ahora mismo yo creo que son tópicos, lugares comunes que tienen una base de verdad pero que no se pueden (no se deberían) ya hacer ostensibles a todos como norma.
    La base de verdad, está clara – por lo mismo que decía arriba: si ‘normalmente’ eran las mujeres las que cocinaban en casa, ellas eran las que tenían que lidiar con el día a día, mientras los hombres (que tuvieran un interés para la cocina porque tampoco es que lo hicieran todos) se exhibían sólo en fines de semana.

    • El mundo ha cambiado, y nosotros vamos arrastrándonos detrás. Si ahora en una pareja los dos trabajan 8 horas fuera de casa (o dentro, pero en fin: en otra cosa que no sea el hogar) ¿quién hace qué?
    Algunos siguen repitiendo los modelos que han visto: por inercia, porque les gustan, porque no se les ocurre otra cosa.
    Otros aprovechan y se piden lo que le gusta: tú la cocina, yo la ropa (donde “tú” y “yo”, evidentemente serán hombre/hombre, mujer/mujer, mujer/hombre, hombre/mujer).
    Otros lo toman como un acto simbólico y escogen lo opuesto de los modelos que han visto: soy mujer ERGO no cocino (porque cocinar era “lo que hacían las mujeres”). Soy hombre ERGO cocino (porque soy hombre liberado y acepto un rol historicamente femenino).
    Me parecen todas posiciones comprensibles, y no las juzgo. Como mucho, me apeno porque pienso que algunos (y algunas) se están perdiendo algo.

    Porque al final, para mi esto va de comida. Y la comida está rica. Y cocinar es guay. El rollo del cariño para mi es un rollo – ni cariño ni leches: cocinar mola.

    Lo pienso porque soy mujer? O porque soy italiana? O porque soy pelirroja? O porque tengo 1/32 de sangre india?
    Mi idea de feminismo es “poder elegir” – si cocinar no, si planchar o no, si cambiar el enchufe o no. Si querer hacer esas cosas o no. Y ese poder elegir se aplica a hombres también. Porque adónde yo quiero llegar es a no necesitar algo como el feminismo, y poder hablar sólo de personas (no, no creo que se pueda hacer todavía. Tristemente). Y esto no pintaba nada, pero ahí se queda.

    Y al fin y al cabo es eso que está pasando, ¿o no? Se está remezclando todo. Están los a los que les gusta cocinar y los que no. Si nos choca que haya mujeres a las que no les gusta, quizás sí ese sea un machismo de vuelta: y por qué debería gustarles?

    Para terminar con este caótico soliloquio, mi experiencia personal.
    • En mi familia, ambos cocinaban, cada uno con su repertorio – esto lo descubrí sólo al divorciarse, cuando preguntaba a mi madre la receta de la bavarois me enviaba a mi padre, cuando a él le preguntaba por los hojaldres de manzana me enviaba a mi madre. Mi madre trabajaba más las verduras y platos tradicionales, mi padre los postres, las carnes y los fermentados (focaccia, brioche y pan). Cuando me fui de casa con 18 años, mi madre me regaló el robot de cocina (que aún tengo, Rowenta multixer 2000), cuando me vine a vivir a España con 24 años mi padre me regaló la Imperia para hacer pasta.
    • Me he enamorado de Juan viéndole comer coquinas, siempre lo digo. No podría vivir con un hombre que no supiera cocinar. Cocinamos cosas distintas, de formas distintas, y no podemos cocinar juntos. Yo he estado trabajando en casa cinco años, y en ese tiempo me he hecho cargo de la organización alimentaria (menú semanal y compra), y ahora que quiero dedicarme a esto profesionalmente hago casi toda la cocina, muy a pesar de él. Los dos hacemos cocina de batalla y cocina de lucirse. [En su familia, por cierto, su padre es el que cocina, a la madre nunca le ha gustado mucho]
    • Mi hijo León, de 7 años, lleva unos meses cocinando conmigo en la cocina. Le dejo hacer lo que puede hacer – coger ingredientes, pesarlos, mezclar, cortar algunas cosas, encender los fuegos (de inducción). Le explico las palabras, los ingredientes, las cocciones, y le encanta. Linus tiene 4 años y dice que él ahora “sólo mira”. Cuando tengan 12 y 9 años espero poderles dejar al cargo de por lo menos una comida a la semana, porque a cocinar se aprende cocinando.

  9. [...] This post was mentioned on Twitter by Xabie de la Maza, Dani and panepanna, panepanna. panepanna said: Comentario twittero: ¿y…? :D RT The Glutton Club http://ht.ly/1MYEf by @condedelamaza [...]

  10. neregauzak says:

    Aprovecho que tengo el pescado en el horno para contar mi experiencia (que creo que es tan rara que no es extrapolable, pero en fin).

    En mi caso, mi madre se encargó de que fuera un chico autónomo e independiente, por lo que me enseñó a usar electrodomésticos y a cocinar (ya con 14 añitos cocinaba para la familia de vez en cuando).
    Luego vino mi paso por los eskauts, y (aunque no tenía ninguna necesidad) las condiciones de hacen aprender a comer de todo, lo que no sé si es bueno, pero desde luego es muy útil. Y con la independización forzosa desde los 22 añicos, pues no quedó otra que apechugar.

    Ya lo de la pareja vino luego, y como graciosamente a los dos nos gusta cocinar y comer, nos repartimos las tareas (a ella le sigue saliendo mejor el colacao que a mí).

    Y ahora voy a ver cómo está el pescado, que no quiero que se seque.

  11. Txomin says:

    Mis padres no han cocinado nunca, nunca les ha gustado cocinar, ni a uno ni a otro. Hemos tenido toda la vida a Carmen, que es como mi segunda madre, que es la que se ha ocupado de la comida. La cena siempre la hicimos más informal o con sobras de la comida.

    Parece que somos los Marqueses de Txorrapelada, pero nada más lejos de la realidad: el sueldo de mis padres, ya jubilados, ha sido el de dos profesores de ikastola. Tuvieron desde el principio claro que no querían ocuparse de las tareas del hogar y han destinado parte de su sueldo a ello.

    Cuando nos independizamos y nos fuimos a Barcelona, aprendimos a cocinar practicando y disfrutamos mucho de ello, pero salíamos de casa a las 7:30 y llegabamos a las 21:00, imposible durante la semana.

    Al volver a Donosti, hemos recurrido a los más cómodo, los tuppers de casa de los aitas y de los suegros.

    Yo como, siempre que puedo, en casa de mis aitas y supongo que a mucha gente le parecera que tengo más cara que espalda. Me la refanfinfla, a mí me gusta ir y estar con ellos, a mis aitas les encanta que vaya, les encanta prepararnos tuppers y a nosotros recibirlos.

    El día que falten mis aitas o tengamos hijos tendremos que replantearnos el tema pero ni me preocupa… ya llegará.

  12. countess of the stove says:

    ojú el temita conde…pienso que el interés por cocinar surge con la necesidad, el hambre o el ahorro, mientras haya maravedíes con los que comprar se escapará uno del calor de lo fogones, pero no creo que sea cuestión de género femenino y singular. Las mujeres abandonan la cocina? los hombres no entraron nunca? es bastante listo el señor conde… una “guerra de sexos” proporciona numerosos comentarios en una entrada…mi más sincera opinión:
    sólo si la ocasión lo merece, nos encargamos de ir a la comprar, arreglar, cocinar y recoger.
    Para unos merece la pena todos los días…para otros sólo cuando hay que impresionar al contrario . ;)

  13. Amaia says:

    Totalmente de acuerdo con Anna. Lo mejor de todo es lo que comenta de lo que hace con su hijo, creo que ahí está parte de la clave, muchos niños de hoy en día comen fatal, no saben hacer nada y en parte es por lo que estamos hablando en este post, que muchos padres/madres no saben cocinar ni les gusta y por otra parte creo que los que saben simplemente cocinan y les ponen el plato en la mesa a los críos, sin que sepan lo que cuesta eso. Desde el que lo cultiva, hasta el que lo compra, lo cocina etc, la mejor forma es que salseen haciendo la compra, colaborando en la cocina adaptándolo según la edad que tengan.

    Respecto al tema mujeres y hombres en la cocina, para mi como dice Anna la clave es poder elegir, ya sean, los que conviven, pareja, compañeros de piso, familia… que no te venga impuesto el tener que hacer una cosa, aunque te guste hacerla, es decir, que aunque te guste cocinar que el otr@ no sea manco y que sepa y lo haga si es necesario.

    Particularmente en casa, la compra la hacemos juntos generalmente y otras veces la hace uno u otro indistintamente según quién tenga más tiempo esa semana, aunque a él se le da mejor elegir por ejemplo el pescado o la carne, está acostumbrado a carnicero y pescadero, yo la verdad que en Madrid siempre he ido a grandes superficies y es aquí donde estoy aprendiendo.

    Nos gusta cocinar a los dos , sin embargo la que hace la lista de la compra, se encarga de que no falte nada, se acuerda de sacar las cosas del congelador, elabora los menús y cocina a diario soy yo. Excepto los panes que el panadero es él y le salen muy ricos (está empeñado en que aprenda pero no estoy muy segura de querer aprender…jejejejeje).

    Nosotros seguimos el sistema, tú esto yo lo otro :)

  14. Marta FG says:

    Pero esto es la caña…. es la auténtica evolución de la sociedad… hombres cocinando (muy sexy por otra parte si lo hacen bien) mientras las mujeres les observan. Planazo… el hombre tiene, además, una sensibilidad diferente, ni mejor ni peor, pero sí distinta a la de una mujer. por eso, pueden aportar una visión increíble en los fogones… el único problema es que si hablamos en el ámbito de la restauración, la mujer sigue estando muy en la sombra y muchas renuncian a una carrera culinaria brillante por su familia. Pero, vamos, es lo mismo que en casi todos los sectores de actividad, con el sacrificio añadido de que en cocina los horarios son hiperinterminables.

  15. Marquess of Plazaola says:

    ¿Qué puedo decir que no se haya dicho ya? Me encanta el tema, el post y las respuestas.

    Pasando a mi experiencia personal, en mi casa hemos sido de buen comer y modelnos por lo que han cocinado tanto mi aita como mi ama. Eso si, cada uno tenía sus platos, especialidades y manías. Yo siempre he pululado por la cocina y creo que por eso me he metido en ella de manera natural al independizarme. El juego con los sabores, las mezclas explosivas, el prueba error… me encanta, pero admito que muchos días caigo en la ensalada y en la pechuga a la plancha. Eso si, cuando tengo tiempo para dedicarle a la cocina me explayo. Realmente me apasiona el poder trasformar productos a mi voluntad y poder satisfacer así mis antojos culinarios.

    Si miro a mi entorno, recién licenciados de 25 años, podemos encontrar de todo, pero en general la gente cocina tirando a poco. La ensalada, la pasta, las pizzas… el fast food tanto precocinado como casero son los que dominan las mesas. Y sin duda, los pocos cocinillas que innovan de vez en cuando son hombres. A mi me da un poco de pena la gente que no “sabe” (no quiere saber) cocinar, pero mientras sean ellos quien recojan la mesa y frieguen yo encantado. Que sigan así.

    ¡Que la fuerza os acompañe glotones!

  16. En casa el aita podría hacer de todo, y de hecho lo hacía,… de todo menos planchar y cocinar. Siempre contaba que de joven, cuando iba al monte, él era “el cocinero”, entonces mi hermana y yo nos mirábamos y decíamos “pues así debía de ser”.

    Hasta que fuimos ya bastante mayores, mi madre no trabajó fuera de casa, de modo que se dedicó a criarnos y a alimentarnos. Tanto mi hermana como yo nos acostumbramos a “hacer cosas en casa”: hacernos nuestras camas, pasar aspiradoras, recoger, fregar,… en la ikastola también aprendimos a coser botones, a hacer punto/ganchillo y manualidades varias, pero ni en clase ni en casa recuerdo haber aprendido a cocinar, a “guisar” que diría la ama.

    Hay cosas que con el tiempo, y sobre todo interés, uno empieza a aprender por cuenta propia y la cocina no ha sido precisamente una de ellas. Mi hermana no tiene gran interés por cocinar, así que tira de tuppers “porque no va a cocinar para ella sola”. Yo a ese punto no llego.

    Hace unos años compartí piso con dos chicas que habían estudiado en La Pureza, sí, en Bilbao hay un colegio que se llama así, aunque su nombre también se suela decir de otra manera :). Hacían cierta ostentación de haber sido educadas “en valores”, pero según pude comprobar no estaban entre estos la educación (no de “education” sino de “bringing up”), tampoco sabían hacer prácticamente nada en casa y mucho menos la capacidad de cocinar. La cocina no estaba ni siquiera en la lista de tareas del hogar, estaba por ejemplo pasar la aspiradora a la sala y pasillo, pero no la palabra “cocina” ni nada relacionado con ella. No lo he dicho, pero efectivamente cocinaba para mi mismo: desayuno, comida y cena.

    Afortunadamente mi vida cambió y para mucho mejor. A Nuria le encanta la cocina y le encanta cocinar. En casa trato de hacerme cargo de las cenas, la tortilla los días de partido y de preparar cosas tipo albóndigas o croquetas (como no), más divertidas, lúdicas, “plásticas” e infantiles en su preparación. Sí soy un vago en la cocina, entro en escena más picar verduras y hacer de pinche, o por supuesto, para el fregado, esto último debe de ser porque soy signo de agua (playa).

  17. [...] II Donostia—San Sebastián, 20 de mayo de 2010 Edición #41 « El día que las mujeres abandonaron las cocinas Special [...]

  18. Marta says:

    Buen tema para reflexionar. Mi experiencia al respecto de mujer más allá de los 40, ha sido la de una madre que nos ha hecho disfrutar de lo lindo a la mesa, una excelente cocinera que nunca se arrogó ningún mérito sobre lo que hacia y que cuando le decíamos que tenía que abrir un restaurante se sonrojaba y humilde dudaba de nuestras palabras.

    De las andanzas de mi padre en la cocina solo recordamos un bizcocho que hizo un sábado después de repartir pasquines informando que a las 4 de la tarde comenzaría a batir huevos para deleitarnos con su excelsa receta; se repartieron invitaciones, y los infantes de la casa asistimos al experimentos flipados por ver a nuestro padre tomar un batidor en sus manos.

    Mi hermano varón nunca tuvo ganas de meterse en harina, ahí estaba mi madre para cocinarle y quién escribe para suplirle, de manera que tenía la pitanza asegurada y ninguna motivación para encender el fuego.

    Vivo con un hombre que no tiene fortuna entre fogones, y aunque ha hecho algunos intentos, claramente no es lo suyo; hemos tenido que tirar la toalla, de manera que me veo reproduciendo el patrón materno muy a nuestro pesar.

    Mi hermano hoy en día disfruta cocinando, hace la compra pensando en el menú semanal, hace porciones y congela, algo que aprendió de manera natural una vez se independizó. Porque saber cocinar es fundamental para ser independiente, no tener que depender de nadie para comer rico o simplemente comer, y eso quizá es lo que muchos hombres estén empezando a aprender y muchas mujeres no alcanzan a entender, pensando que si rechazan cocinar no tendrán que hacerlo para un macho alfa. Que pena.

    Durante muchos años mi ocupación principal ha sido la de ama de casa, y he visto con asombro que cuando he invitado a comer a casa, muchas de las féminas al ver lo que había sobre la mesa me han dicho con un tono de suficiencia –yo no cocino, ni un filete a la plancha sé hacer, me niego a cocinar. Y yo me he compadecido pues he imaginado un panorama muy pobre y mucho, mucho frío en sus organismos.

    Que los hombres cocinen a diario, que lo hagan también las mujeres, que nos embadurnemos mutuamente de harina, que un día lo hagas tú y otro día lo haga yo, que lavemos los platos que manchamos y que disfrutemos comiendo con la manos, libres e independientes ambos sexos por los siglos de los siglos.

  19. Anna says:

    Pequeña apostilla a todos los comentarios: es que además cocinar (=combinar y transformar los alimentos para que sean aptos, y apetecibles, para el consumo humano) no es tan difícil. Hay platos complicados, claro, pero una ensalada rica no tiene mucho misterio. Una salsa para pasta sencilla. Una sopa de verdura. Es curiosidad, yo creo. No sé.
    Y no tiene que ser el mejor plato del mundo, el no va más de los potajes, la carne insuperable. Keep it simple, y es difícil equivocarse.
    Quizás (y este puede ser el gérmen de otro tema) la facilidad para acceder a platos preparados ‘complejos’ y exóticos (lasaña, risotto, guacamole – no sé bien qué más hay en los repartos congelados) parece poner el listón ahí arriba (no por calidad, sino por complejidad), y en casa no nos contentamos con unas lentejas, una verdura, una carne asada.

  20. kketuit says:

    No voy a polemizar más que aquel que escribe el artículo pero en mi vida, además de mi santa madre que cocina que te mueres, no he conocido mujer que se defienda en este arte, que es el comer, más allá de la mera subsitencia. Así que me limitaré a decir que a mis treinta y todos, disfruto de dar de comer a unos y a otras cuando es menester cocinar para todos ellos.

  21. [...] de servicio: en el nunca suficientemente alabado The Glutton Club han publicado mi réplica a este artículo del Conde de la Maza. Yo os lo había dicho que esos dos eran [...]

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