Sir Anthony Worldgate
Aunque parezca mentira, siempre fui un niño tímido y asustadizo. Hay un par de episodios que lo atestiguan: me acuerdo que en un self-service de Cambrils (Tarragona), de cuando los self-service eran fasion, se me escapó un plato de la mano y se me rompió delante de decenas de comensales. Me pillé tal perrenque que, por pura vergüenza, no comí nada a pesar de que venían camareras y gente de las mesas de al lado para tranquilizarme, del escándalo que había montado con la llorera. Traumas infantiles…
Duke of Lapice
“Me alegra que me haga esa pregunta, don Falstaff”, podría decir. Tras un par de choques de la neurona con lo que parece ser cráneo, tengo claro qué decir: sin ningún lugar a dudas, tal desgraciado evento ocurrió en un MacDonalds de Málaga. No porque la atención fuese peor que la de otros chiringuitos neoliberales similares, sino porque, tonto de mí -era joven e inexperto, blablablá-, al pedir lo que parecía pretender ser un bocadillo, resultó que me dieron una especie de bollo, obviamente del todo insuficiente para mis necesidades nutritivas de un mediodía veraniego a 300 metros del Mediterráneo…
Count van der Maza
Como todo en la vida, las malas experiencias en los restoranres abundan. En mi caso más por el servicio que la comida. Si a eso sumamos que en San Sebastián tenemos uno de los peores servicios, donde el camarero te está haciendo un favor a ti, comprenderán que no sea raro encontrar algo malo que destacar. Ahora, la peor experiencia la tuve en el, afortunadamente, fenecido restaurante Urgull. La camarera se empeñó en poner a los comensales donde le dio la gana hasta que se encontró con un amigo que dijo que no, que él se quedaba donde estaba. La otra entró en cólera y mi amigo, muy educadamente, la mandó a freír espárragos.
Marquess of Plazaola
Como buen glotón que soy me encanta comer fuera de casa, pero la verdad es que cada vez me la juego menos. Es decir, repito restaurantes donde he comido bien o pruebo alguno que me hayan recomendado, por lo que no suelo fallar. Sin embargo, cuando me voy de vacaciones no suelo tener referencias, toca innovar y es cuando peores experiencias he tenido. ¡Nunca se me olvidarán las largas colas para poder comer la paella quemada en los hoteles con buffet de mi infancia!
Gran Almirante Ignacio de Rodríguez
Se come muy bien en Soria, pero un cúmulo de circunstancias hicieron que acabáramos en un irlandés. Tras una buena espera nos ubicaron en un sótano, cerca de la cocina, donde podíamos ver juntos comida, botes de Mistol y camareros que sin disimulo se echaban un cigarrito. Tardaron más aun en servirnos, la comida resultó bastante mala y de la mía simplemente se olvidaron. Para el postre, el camarero nos dejó en un extremo de la mesa y para que nos las repartiésemos nosotros mismos, un puñado de cucharas soperas, porque las cucharillas estaban arriba y claro… por no subir.
Marquis von Altafulla
¡Buf! Qué difícil escoger una sola experiencia. La verdad que en los últimos años he tenido unas cuantas y por no hablar sólo de un sitio déjenme enumerar una serie de cosas que me “dan la comida”: los camareros que te hacen un favor por que les pidas los platos, que me traigan el segundo cuando aun no he terminado el primero o que retiren los platos de algunos comensales cuando no ha terminado todo el mundo, que el plato (en su forma circular) esté ardiendo, que me devuelvan los cubiertos cuando los he dejado en el plato y termino aquí para no desquiciarme. ;-) Dirán ustedes <qué “tiquismiquis”> Pues sí, que trabajen y nos traten bien y sino que lo avisen y nos vamos al del vecino.















Curioso, predominan las malas experiencias fuera del terruño. Si es que como en casa… ¡no se come en ninguna parte!
[...] This post was mentioned on Twitter by Xavier Susan and Xavier Susan, Nacho Bueno. Nacho Bueno said: Nuevo POST en @TheGluttonClub "Peor experiencia comiendo por ahí" http://cort.as/_xvu (gracias @burbujea y @cliffolivet por el aviso) [...]
Bueno, en mi caso las experiencias más nefastas se han dado con las almejas a la marinera, y precisamente en el terruño. A) Restaurante de Lezo (cuyo nombre ni recuerdo, ni quiero recordar): afable camarera que me palmotea la espalda y, a la par que sorbo una almeja grita a voz en cuello “¡Come come, que de lo que se come se cría!” (con lo que temiendo una horrible metamorfosis dejé de comer en el acto). Y B) Restaurante de Olaberria (del que no diré nombre): Tremendo plato de almejas, cuando voy a rescatar la última en plan guinda del pastel, veo que dos bolas gordas parecidas a caviar se han quedado enganchadas entre las puntas de mi tenedor. El análisis detallado confirmó que se trataba de una mosca gigante, y aparente caviar sus ojos cocinados.
Conclusión, sólo como almejas a la marinera en casa de mi madre.
HOY PARA COMER, MARILLENKNÖDELN.
Amigos, no se dejen seducir por este fascinante nombre.
Marillenknödeln, traducido seria algo así como “bolas de patata rellenas de albaricoque”
Al contrario de los que muchos puedan creer no es un postre sino una comida, en Austria no es anormal el comer cosas dulces como plato principal.
No me explicaba, como ningún iluminado me había contando que después de una larga jornada a pico y pala, me pusieran delante del morrito esas bolas medio tostadas, medio saladas, medio dulces, medio extraterrestres, como comida principal.
Yo que soy de casa humilde, correctona y comilona, engullí esos bolones, uno detrás de otro, garganta abajo como si de un tequila se tratara. Finalizados con una buena sonrisa y un “ schmek gut!”
Lo que no sabia era que servían esa infernal comida 3 veces por semana. Esa imagen de servirte esas albóndigas austríacas goteando ese sirope no apto para diabéticos, con ese puchero, me recordó a tiempos de la Polonia de post-guerra.
Pensareis que soy una finolis comiendo y que no es para tanto.
Ladies & Gentleman, antes de terminar decidles que yo soy de las que se terminan los platos y además gustosamente.
Yo comí, bueno…. no la pude comer de lo mala que estaba, la peor paella de mi vida en Nimes. Si, ya se que no es normal comer paella en Nimes pero era lo que había… estaba APESTOSA, no me olvido.
La mia eng un restoran de Amasa hace como 30 y tantos horribilis anus. Pedimos la carta de reclamaciones y too por el desprecio y mal trato dispensao por una…. !
probablemente en madrid, cerca del ministerio de sanidad…guisantes con jamon… los aborrecí durante más de un año…tenian una babilla altamente sospechosa…ajjjjjj
Creo que nos llevamos la palma ggalmazor y amaiafisio, en un VIPS de Madrid nos pedimos una ensalada César para compartir y justo al terminar vimos como aparecía la mitad de una cucaracha muerta, quien de los dos se comería la otra mitad…
No se ha hecho mención de las desastrosas experiencias gourmetianas que se sufren, con dolorosa frecuencia, en los salones de bodas, bautizos y comuniones.
Sé que se darán excepciones y que el número elevado de comensales es prueba complejísima de resolver con acierto.
El recuerdo más desolador lo tuve en La Rioja. Irónico, lo sé, siendo tierra que proporciona tan gratas formas de satisfacer al apetito más exigente.
La comida estaba fría e insípida. Por suerte, dada sus carencias gustativas, era, además, escasasísima. Los vinos, racionados.
El regocijo sólo lo hallé cuando el sacerdote que había oficiado la ceremonia y que se encontraba sentado a una de las mesas, se endosó tremendo tantarantán al perder el equilibrio la silla que inclinaba hacia atrás para poder seguir con sus ojos, la evolución de una bellísima invitada, muy joven, enfundada en un ceñido vestido de color azul.