Sir Anthony Worldgate
En algún momento de mi tierna infancia, probablemente debido a un sonoro “¡¡¡AAAAAAAAAAJJJJJ!!!” o similar espetado en casa de algún bienintencionado anfitrión, mi señora madre decidió que yo no iba a tener ningún plato “odiado”… o al menos “notoria e insultantemente odiado”. Por ello, sistemáticamente, fue aplicando el sistema “si no quieres taza, taza y media” con mis resistencias pasajeras a las lentejas, a la lechuga, etc. Gracias a ello no puedo decir que, realmente, haya tenido nunca un plato odiado, al menos durante más de unas pocas semanas.
Duke of Lapice
Al contrario que al excelso y bien educado Conde de La Maza, a mí lograron domarme bastante pronto en temas culinarios (en otros nunca…), así que apenas recuerdo revoluciones sangrientas ni altercados violentos -pataletas en lenguaje plebeyo- a cuenta de ningún plato concreto. Pero sí me vienen a la mente reminiscencias de que la sopa de verduras -estilo porrusalda, pero sin pescado- que hacían en mi casa no me gustaba demasiado. Sabías que son las mujeres de mi familia, eso, claramente, no me eximía de nutrirme por esa vía. Porque ¿cómo había de ser de otro modo teniendo pasapurés?
Count van der Maza
El puré de verduras. No lo dudo ni una sola micra de segundo. Tal y como he relatado (I y II) siendo infante lo pasé mal en general. La cosa es que el puré era obligatoriamente obligatorio para mi máter, porque era la única verdura que comía y aquello era peor que pasar por el purgatorio. Hay un vídeo que si alguna me soborna como es debido quizás publique. No tiene desperdicio ver mi relación con el puré. Pero por sufrir llegué a sufrir hasta con los bocatas o sangüises de jamón de York, queso y chorizo de Pamplona. Umbelíbebol. Y no hablemos de la ternilla de los filetes. Eso merecerá un post aparte.
Marquess of Plazaola
Siempre he sido un educado comensal y me enorgullezco de haber comido lo que se me ha puesto en el plato desde que tengo uso de razón. Sin embargo, algunos platos sí que me resultan “difíciles” de comer. Por ejemplo, las cocochas en salsa verde. El destino, cruel como él solo, quiso que durante años mi abuelo pusiese cocochas como plato fuerte en la cena de Navidad. El gelatinoso tacto de éstas en mi boca me resultaba horrible y las engullía sin masticarlas intentando no herir los sentimientos de mi abuelo. ¡Las cocochas me robaron la Navidad!
Gran Almirante Ignacio de Rodríguez
No recuerdo ningún plato que se me atravesase, así que he tenido que llamar a la ama para que me dijese qué no me gustaba comer. Por lo visto no comía ni pisto ni bacalao. No debía de ser un niño problemático comiendo, en cambio debía de ser lento hasta el aburrimiento. Lo del pisto está más que superado, con el bacalao hoy es el día en que no se muy bien por qué en ciertas recetas sigue sin ser santo de mi devoción y sobre mis ritmos, sigo siendo un pelma, pero sólo cuando me pongo a darle al palique.
Marquis von Altafulla
De pequeño solía comer en el colegio, recuerdo las bandejas de comida con compartimentos donde nos daban primero, segundo y postre a la vez. Lo que más odiaba eran las patatas a lo pobre, ¡si es que ya lo dice el nombre! Como no solía tener problemas con la comida recuerdo incluso que llegué a un acuerdo con mis padres y “aceptaban” que tal como recogía la bandeja pasará por el gran cubo de basura y ¡plof!, todo a la saca. Por lo demás no tengo ningún trauma, aunque si me pongo a pensar en los San Jacobos congelados…















Que malos recuerdos me trae este post. La verdad durante mi infancia pensé que de existir un infierno, este debía ser un mar de puré…
Ahora tenéis que crear una entrada educativa para enseñar las tácticas guerrilleras que utilizábais para evitar comer lo que no os gustaba: divide y vencerás (esparcir todo por el plato para parecer que hay menos), marea la perdiz (hacer una bola con la comida y moverla de carrillera en carrillera pero sin tragar)…
Es con gran desasosiego que llega a mi memoria, provocado por la lectura de sus cuitas, el recuerdo del hígado de ternera. Empanado, con la misma presencia, textura y olor, que suela de legítimo cuero en zapato gastado por los años, que servían las monjas del colegio.
Y, ¡qué gracias al cielo daba pensando en los magníficos bocadillos que mi abuela, burlando la vigilancia de mi progenitora, introducía en la mochila escolar, mientras aguardábamos la llegada del autocar!
Asi pudo mi infantil estómago permanecer en silencio durante las clases de la tarde.
La verdad es que de pequeña recuedo que era buena comedora… aunque no me gustaba que me llenarán demasiado el plato; siempre pedía poco. Fui al comedor de la ikastola porque iban mis amigas y así tenía tiempo para jugar a la goma y a las cartas. Hay una comida que recuedo que me producía especial rechazo: “las natillas”. No las tragama ni en la escuela ni en casa. Mi ama, como buena repostera, nos hacía toda clase de postres deliciosos: arroz con leche, rosquillas, tarta de limón, batidos… y “natillas”. El postre favorito de mi hermano resultó ser el más odiado por mí (ni con galleta funcionó). Aún hoy no como nunca natillas y paradojicamente he participado en dos encuestas sobre natillas en año y medio. ¿¿Me verán cara de comenatillas??
Es curioso, casi coincidimos el Conde y yo. Y digo casi porque a mí los purés siempre me han gustado, por 3 motivos: son ideales para mojar pan, son rápidos de comer (y siento decirlo, me gusta comer rápido) y tienen la virtud de que no “ves” la comida.
En Plurk, un microblogging más amigable que Twitter, he enlazado el post, pero andan tímidos, y han comentado allí. Dominan las lentejas, la casquería y el hígado de ternera como platos más odiados. Seguiremos informando :D
Pues en mi mas tierna infancia y diría yo hasta mi avanzada juventud, lo que más se me resistía en el plato eran las salchichas. De hecho , casi la carne en general. Durante un largo tiempo la bola en la carrillera formaba parte de mi gracil perfil estilo hamster. Por aquella época , aún diría yo un poco tonta, la conservaba e incluso había conseguido cenar con la susodicha en la boca. Años más tarde, dándome cuenta de la irracionalidad del suceso, decidí que lo mejor era dar rienda suelta a la “bolita” ,o en su fase previa a la salchicha/carne, y colocarla con esmero en recipiente apto para ser vaciado posteriormente en la real comuna.
De los tiempos de infante, tengo la suerte de no recordar ningung alimento que no me gustara.
Era una carpanta de muyo cuidao .
Con ver el nombre del post me he traslado a la casa de mi abuela paterna y me ha venido el olor del repollo cociendose en la olla a borbotones… aggggg!!! si está buenisimo, decía ella, y lo que realmente estaba delicioso era el botillo que estaba cociendose al lado y esas patatitas blancas tiernitas…snif, snif.
Sin siquiera leer el primer comentario de esta panda de notables, sabía cuál era mi respuesta sin duda alguna…. “Guisantes con Jamón”
Aún hoy se me revuelve el estómago sólo de pensar en ello. Mis despiadados hermanos menores, cuando se enfrentaban conmigo, me perseguian por la casa a grito de “GUISANTES CON JAMON!!!” hasta que me hacian vomitar sin piedad.