Sigamos analizando los hechos que recuerdo como fundamentales para avanzar hacia una normalidad gastronómica, si tal concepto existe. Parte fundamental de la culpa de lo enrevesado y mal comendores que éramos los hermanos se la hecho a mi madre. Creo que fue un fallo decisivo que nos cocinase a cada uno el sota, caballo y rey, y eso que es una cocinera muy buena. Pero no ser capaz de decir a tiempo “si no quieres taza, taza y media“, nos convirtió en señoritos (léase, tiranos insoportables a la hora de comer). Las cosas sin embargo, comezaron a cambiar cuando mi padre se quedó una temporada en el paro en la crisis de comienzo de los 90. En 1992, mi padre se convirtió por una temporada en amo de casa, y él preparaba la comida para los tres hermanos, y para los tres lo mismo. Fue en aquella época cuando comer macarrones con tomate y chorizo [sic] o pechuga con doble capa de empanada [sic] se incorporó a mi bagaje gastronómico. Los líos, claro está, llegaban los fines de semana cuando mi madre se ponía al mando… ¡y cocinaba a cada uno lo suyo!
A lo largo de la adolescencia osé a ir añadiendo hábitos alimenticios por entonces totalmente desconocidos en Las Vascogandas como la tortilla de patata y la tortilla de anchoas, el chuletón de sidrería, la merluza, los chipirones, así como las pizzas y las hamburguesas. ¡Ya ven, una revolución en toda regla!
Pero el despegué final y paso final hacia la consagración de persona humana normal en temas gastronómicos lo di de la mano de Sir Anthony Worldgate. Lord Worldgate y yo coincidimos en esta vida en setiembre de 2001. Yo comenzaba la carrera de ADE y él venía en otra misión más del Ministerio de Educación para testear otra nueva carrera universitaria, por entonces ya la tercera. Y uno de esos cambios radicales consistió en ir a comer a restoranes, así de simple. La cosa es que en mi casa rara vez habíamos ido a un restorán, sino era por alguna comida familiar. De ese peregrinar easonense y guipuzcoano germinó la teorización de las (neo)tascas y desarrollamos la Catalogación Barranquesa.
De repente, desde el fondo, desde el más allá, emergió la frase “Pues nos vamos a a ese chino de allá”. La jugada me pilló en orsai.
El momento más brillante y en el que casi asesiné a Lord Worldgate, empero, sucedió en Santander en una cena de la Liga Nacional de Debate Universitario de 2004. Mientras estábamos dando una vuelta los equipos de Donostia y Bilbado por el centro de Santander comenzamos a busca un sitio donde cenar. La cosa es que acordamo hacerlo en un italiano y tan contento iba yo cuando llegamos a un italiano… ¡que estaba cerrado! De repente, desde el fondo, desde el más allá, emergió la frase “Pues nos vamos a a ese chino de allá”. La jugada me pilló en orsai. Sin poder decir que no ante tanta gente y no poder escaquearme, acabamos en el chino… ¡en mi primer chino!
Y bien, como pasa con estas cosas, salve la situación de la manera que pude, pero comprobe que podía comenzar a entender aquella comida. Además, conseguí internalicionalizarme.
La lección que yo extraigo es que en la gastronomía, como en la vida, se necesita un poco de desparpajo, propio y ajeno, para avanzar en las cosas. Es fundamental entender lo que comemos y bebemos, porque lo hacemos todos los días. Mejorar esa experiencia y conocimiento es de lo que trata The Glutton Club y si yo he dado la vuelta de una situción cada vez más común (comer poco y mal), espero que la gente lo vaya haciendo, porque falta nos hace.
¡En el camino quizás ganemos algún kilo de más, eso sí!
PD: Del bebercio hablaremos en un siguiente post, ya que si de las tradiciones del comer se habla mucho el tema de las bebidas alcohólicas quedan arrinconadas en la mayoría de los debates.
















PLAS PLAS PLAS PLAS … <– no son tortas! Son aplausos ;)
Como me recuerdas a mi! yo también era de lo mas milindris que te puedas echar a la cara! me gustaban cuatro cosas y las demas no queria ni probar! cuando iba de colonias las horas de la comida solian ser de pesadilla para mi (bueno, la baja calidad de la comida de segun que sitios tampoco ayudaba mucho). cuando fui a la uni cambio todo. en el piso de estudiantes me tuve que poner las pilas y ahora ya como casi de todo, me gusta de todo, y cosas que pensaba que nunca iba a comer (p.ej. el queso) ahora me encantan. ademas, me encanta cocinar. me ha costado educar a mi paladar, pero creo que en estos momentos lo tengo ya bien enseñado. jejeje. muxuak!!!!!!!!!
[...] puré de verduras. No lo dudo ni una sola micra de segundo. Tal y como he relatado (I y II) siendo infante lo pasé mal en general. La cosa es que el puré era obligatoriamente obligatorio [...]
Como me recuerdas a mi! yo también era de lo mas milindris que te puedas echar a la cara! me gustaban cuatro cosas y las demas no queria ni probar! cuando iba de colonias las horas de la comida solian ser de pesadilla para mi (bueno, la baja calidad de la comida de segun que sitios tampoco ayudaba mucho). cuando fui a la uni cambio todo. en el piso de estudiantes me tuve que poner las pilas y ahora ya como casi de todo, me gusta de todo, y cosas que pensaba que nunca iba a comer (p.ej. el queso) ahora me encantan. ademas, me encanta cocinar. me ha costado educar a mi paladar, pero creo que en estos momentos lo tengo ya bien enseñado. jejeje. muxuak!!!!!!!!!
[...] la transición de niño mocoso que comía el sota-caballo-y-rey a una persona de bien (aquí y aquí), paso a comentarles mi periplo espirituoso. Si mi experiencia en torno a las comidas se asemeja a [...]